sábado, 26 de marzo de 2011

Eudald Carbonell: nueve días en La Habana

















Por Flor de Paz. Foto: Gizéh Rangel
Por tercera vez volvió a Cuba el arqueólogo español Eudald Carbonell, uno de los principales protagonistas de los hitos de Atapuerca y de los cambios que los hallazgos de la sierra burgalesa han conllevado para el conocimiento sobre la evolución humana.
Ahora sabemos que los humanos llegaron a Europa mucho antes de lo que se pensaba hasta hace muy poco. Las investigaciones científicas realizadas por el equipo que codirige este catedrático, Premio Príncipe de Asturias en Ciencia y Tecnología, han modificado los fechados y concepciones sobre la expansión de los homínidos por el continente euroasiático.  
Más de treinta años de excavaciones arqueológicas han permitido que Atapuerca haya tributado centenares de fósiles humanos al registro mundial. Pero este yacimiento no es solo un aportador de pruebas de la exitencia humana en Europa hace más de un millón de años. Eudald lo reintera una y otra vez: “Lo importante de saber cómo hemos sido es que nos ayuda a explicarnos cómo somos”.
Homo sapiens es la última hoja que cuelga del árbol de la evolución, ha dicho alguna vez el eminente científico. Y a partir de ese presupuesto alerta que es urgente que los humanos desarrollemos lo que él denomina una conciencia crítica de especie. Aunque piensa que esta no llegará a tiempo para salvarnos de un colapso que provocará la pérdida de una buena parte de los congéneres.
Este es el discurso, sabio y realista, que el doctor Carbonell (como suelen llamarle algunos colegas en Cuba) formuló durante nueve días en La Habana, a donde llegó con una agenda poco cargada y que luego fue engrosándose por las numerosas peticiones de escucharle de nuevo en uno u otro sitio.
Atapuerca en la evolución humana (su conferencia magistral para el Congreso de Antropología) fue pronunciada un par de veces más por el científico; una, en el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana; otra, en el Colegio Universitario de San Gerómino, donde ya había impartido Emergencia y socialización de la ciencia.
El propio Gabinete de Arqueología le había recibido días antes, ocasión en la que Roger Arazcaeta, director de la institución, mostró a su colega la estructuración del centro, algunas excavaciones en proceso y una publicación anual con que cuenta, la cual Carbonell se comprometió a honrar con un artículo de su autoría.
Al intenso proceso de intercambios y conferencias desarrollados en el Casco Histórico de La Habana, se sucedió el encuentro con el doctor Eusebio Leal, artífice mayor de la obra que tiene lugar en este enclave citadino.
Durante el diálogo, el más importante restaurador  social del patrimonio cubano dijo que estaba maravillado con las noticias que llegaban de Atapuerca, porque cambian completamente una visión muy limitada que se tenía de la historia de la humanidad, y sentenció: “La Habana Vieja es una Atapuerca grande donde perviven huellas de nuestra cultura, y el trabajo de  arqueología urbana del período histórico que aquí se desarrolla ha dado un sentido de ser a la restauración arquitectónica.
Para Carbonell la intervención que tiene lugar en La Habana Vieja se enlaza con su concepto de patrimonio como registro, y que según ha escrito se ha de entender como un objeto que articula realidades humanas a escala sincrónica y diacrónica; se trata de la expresión material más consistente de los proyectos de humanización que dejan rastros sociales e históricos.
Otra experiencia expuesta por el reconocido arqueólogo fue la de la socialización del Proyecto Atapuerca, que ha calado profundamente en la sociedad española, y junto a otros factores, ha contribuido a que sea actualmente la más laica de la región.
Un contacto con los profesores de la cátedra Ciencia, Tecnología y Sociedad, estuvo matizado por el debate filosófico acerca de cómo desarrollar la llamada conciencia crítica de especie expuesta por Carbonell.
Según el Profesor Carlos Delgado, miembro del colectivo científico, esta conciencia no solo puede contextualizarse en la ciencia, porque la ciencia se ha construido en el mismo entorno valorativo en que hemos edificado la religión y los modos de sentir que tenemos hoy. “Y si hay un ocurantismo religioso, también hay un ocurantismo científico y tecnológico, y con ambos sucede lo mismo: cuando uno es parte de ese oscurantismo, no lo ve”.
En otra reunión con los actuales maestrantes de la especialidad, el pensador español subrayó la importancia de la socialización de la ciencia, teniendo en cuenta que esta, junto a la tecnología, se hallan en la base de la emergencia de nuestra especie, en lo cual son determinates  la experiencia y la educación que están en el medio humano.
Las estrategias seguidas para hacer llegar al público el conocimiento generado desde la ciencia fue el tema central de su encuentro con una parte del colectivo de la revista Juventud Técnica, donde Eudald  significó que hay que pasar de la divulgación de la ciencia a su socialización. “La primera brinda un acervo de conocimientos mientras que la otra condiciona pensamientos y actitudes, esa es la diferencia”, dijo.  
De recorrido por las instalaciones del Museo de Historia Natural Carbonell entró en contacto con la labor científica, de conservación y museística, que desarrolla la institución. En el intercambio con el geo-paleontólogo Reinaldo Rojas, su director, fue destacada la importancia de la ciencia tafonómica y sus aplicaciones en la arqueología. Durante el trayecto por la edificación el científico español también visitó las oficinas de la Sociedad Cubana de Geología, donde fue recibido el Doctor Manuel Iturralde, presidente de la organización científica.
Momento especial fue el diálogo sostenido por el catedrático  español con el Doctor Vicente Berovides, uno de los más notables estudiosos de la evolución humana en Cuba. El anfitrión al resumir sus impresiones sobre el visitante expresó: “Sin lugar a dudas, los aportes del Doctor Carbonell y su grupo han trascendido el ámbito de su país y son hoy un legítimo patrimonio del conocimiento universal, que arrojan luz sobre nuestro pasado  y futuro evolutivo. Este hombre ha hecho una contribución brillante, a través de la Fundación Atapuerca y de sus famosos hallazgos sobre la evolución humana en Europa; pero también se proyecta de manera sabia en el futuro del hombre como especie biosocial, hecho que refleja en sus más de 25 obras científicas, cuya idea central es la teoría de la socialización de los conocimientos tecnológicos y científicos, con énfasis en la selección tecnológica, que algún día la humanidad alcanzará como punto de giro crucial de su evolución biosocial”.

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