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viernes, 12 de agosto de 2011

“La socialización de la ciencia es conciencia crítica de especie”



De esta definición parte Eudald Carbonell, uno de los codirectores del Proyecto Atapuerca, al analizar el cambio que han de experimentar las relaciones humanas en el planeta cuando se socialice la revolución científico-técnica (Foto: Alexander Isla)



Por Flor de Paz

Vuelvo otra vez a la Sierra de Atapuerca, donde moró el europeo más antiguo hace 1,3 millones de años; camino junto a Eudald Carbonell en una fría mañana de febrero por los yacimientos que bordean la Trinchera del Ferrocarril. El investigador me actualiza de los últimos acontecimientos científicos en la Sierra, ese espacio que conoce palmo a palmo tras 30 años de labor sobre sus estructuras calizas.

Mientras nos detenemos frente a la Sima del Elefante, el yacimiento donde fue descubierta la mandíbula más antigua de Europa occidental, le pregunto por qué ha funcionado el Proyecto y cómo ha logrado trascender a la sociedad.

“Ponderamos dos objetivos fundamentales: el académico y el de la socialización de los conocimientos que vamos obteniendo. Todo cuanto ocurre en el proceso Atapuerca se hace posible a partir de su equipo de investigación; en él trabajan decenas de profesionales de disciplinas como la biología, la arqueología, la geología y la botánica. Los resultados de esa labor científica conjunta han conllevado a la realización de centenares de publicaciones en revistas especializadas de impacto, que han convertido a Atapuerca en un referente del trabajo sobre evolución humana en el mundo.

“La vocación científica de nuestro colectivo condujo en su momento a la creación de tres instituciones puntales del Proyecto Atapuerca, de las cuales se nutre, en buena medida, el equipo investigador: el Centro Carlos III, en Madrid; el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), en Burgos, y el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), en Tarragona. De esta trayectoria tecnocientífica también derivó la construcción del Museo de la Evolución Humana (MEH), de dos centros de interpretación y de una Fundación que apoya a este Proyecto. Es decir –subraya el experto-, contamos con una gran estructura para trabajar sobre el tema de la evolución humana”, explica.

Las respuestas de Eudald se entremezclan con sus reflexiones sobre los yacimientos. Todavía frente a la Sima del Elefante, lecho del europeo más antiguo, el científico habla de las potencialidades del sitio, por la antigüedad de los fósiles que han aparecido allí, a la vez que acentúa la importancia científica y social de los conocimientos que deriven futuros hallazgos en el nivel 9 de este asentamiento.

Al escuchar al catedrático confirmo la visión contemporánea de que los resultados de la investigación científica tienen que ser necesariamente patrimonio activo de la sociedad que los propicia. Quedó atrás aquel paradigma del investigador encerrado en su laboratorio produciendo conocimientos para una élite de estudiosos o para servir de sustento a decisiones políticas. La ciencia y la tecnología son tan sociales como los humanos mismos. Lo demuestra la estrategia socializadora de los conocimientos científicos del Proyecto Atapuerca.

Luego de la publicación de los resultados de nuestras investigaciones en revistas especializadas de impacto, acudimos a los diferentes medios de comunicación y a las tecnologías digitales o impresas, dice Carbonell, para socializar ese conocimiento generado por el equipo investigador; quien considera que este proceso socializador es también una actividad científica, una forma de tecnología social para contribuir a mejorar nuestra proyección como especie.

“El fin es incrementar el conocimiento sobre la evolución humana en la sociedad, lo que significa socializar la conciencia, el pensamiento y la capacidad crítica, a partir de una visión evolutiva de miles de años. Llamo socialización a este accionar, porque se trata de generar pensamiento, actitud crítica, mediante la influencia del conocimiento. Estos son elementos fundamentales para conseguir procesos sociales consistentes. La evolución tiene que ser también un instrumento de formación del comportamiento humano.

“Nuestro origen como género indica el camino que es preciso retomar”, reflexiona Eudald mientras ascendemos por el andamio al nivel 6 de la Gran Dolina (otro de los yacimientos ubicados en la Trinchera), el estrato de Homo antecesor, rico también en herramientas líticas. “Nos hemos desarrollado a través de la socialización tecnológica, en un incremento constante de nuestra sociabilidad, de nuestra articulación como humanos”.

Con la fluidez del conocedor profundo, el arqueólogo describe cómo el continuo interactuar del cerebro y las manos conllevó a que ese órgano evolucionara y se organizara de una forma distinta al del resto de los animales, hasta llegar a una fase en la que emergió la conciencia, y la conciencia de especie como consecuencia de la socialización de la tecnología y de la forma de organizarnos. Sin ese factor tecnológico -el de haber tallado piedras y utilizarlas para obtener más energía del medio- no habría socialización, añade.

“Como hemos sido socializados por la tecnología, ahora lo que nos falta es, precisamente, que esta conciencia tecnológica desarrolle aún más los aspectos sociales del proceso evolutivo. Yo pienso que la evolución humana es el estudio de la adquisición de esta conciencia a través del conocimiento acerca de cómo los humanos nos hemos adaptado al medio”.

Para Eudald Carbonell, esta perspectiva ofrece elementos implícitos en una nueva construcción del ser humano en la que el conocimiento científico es la base del incremento de la socialización. “La posibilidad de que todo el mundo comprenda los fenómenos naturales puede permitirnos una nueva articulación social”.

-Entonces, su concepto de tecnología, además de contemplar el enfoque artefactual, visto desde el surgimiento de las herramientas líticas en el devenir evolutivo, también incluye esa consideración contemporánea que define como tal a los procesos…

-Desde mi punto de vista, una sociedad tecnológica es una sociedad que está evolucionando, en la que la tecnología tiene que ser el eje fundamental de sus relaciones: hemos de ser socializados por la tecnología. Solo de este modo alcanzaremos el máximo potencial de transformación y de adaptación en el planeta de que disponemos los humanos.

“Por ese camino, podemos llegar, incluso, a la autotransformación, pero la tecnología tiene que ser el eje para conseguir recursos de todo tipo, materias primas y conocimientos, y siempre infringiendo el menor daño al medio en las articulaciones de los ecosistemas naturales. La tecnología tiene que servir precisamente para acomodar nuestro crecimiento y nuestra inteligencia. Lo contrario significa hacer un uso primate de ella”.

-¿Cómo debe ocurrir entonces la socialización del conocimiento científico para que tenga lugar esa transformación?

- Digamos que somos gigantes vestidos de enanos. Y eso ha de cambiar. Las relaciones humanas en el planeta tienen que variar cuando se socialice la revolución científico técnica. Los desequilibrios económicos y las desigualdades sociales siempre han existido, pero ahora contamos con la capacidad, el conocimiento, la estrategia y la base científica real, económica y técnica, para que se produzca un cambio. Pienso que la evolución es el motor impulsor del conocimiento que puede dotarnos de capacidad crítica para esas transformaciones. Es un proceso de pensamiento y de transformación evolutiva. La conciencia crítica, por ejemplo, para mí continua siendo el aspecto fundamental de todo este proceso. Si esta conciencia crítica de especie no tiene una fundamentación de base evolutiva, científica, social, de incremento de conocimiento, no puede desarrollarse.

Vamos de vuelta a la entrada de los yacimientos y aunque me cuesta seguirle los pasos a Eudald intento acompasar mi ritmo. Habla bajo y despacio, con la mesura de un incansable predicador evolucionista, y debo de estar muy atenta para no perder el hilo de sus reflexiones. “La conciencia crítica de especie es la capacidad que tenemos los humanos ahora mismo para trabajar por un progreso consciente y una evolución responsable. La socialización de la ciencia es conciencia crítica”, concluye. (Publicada en Canarias-semanal.com)

jueves, 4 de diciembre de 2008

Nuevas imágenes del cráneo de Homo antecessor




Gracias a una completa reconstrucción y su posterior digitalización, efectuada en el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), ha podido apreciarse por primera vez el cráneo entero de Homo antecesor, especie descubierta en el yacimiento de Gran Dolina, Atapuerca, España, en el año 1994.
Este ha sido el principal atractivo del stand del IPHES y del área de Prehistoria de la Universidad Rovira i Virgili, de Tarragona, organizado para la recién concluida semana de la ciencia, celebrada en el Palacio de los Congresos de esta ciudad.
El proceso de trabajo para obtener el rostro de Homo antecesor se inició con una reconstrucción modelada del cráneo, a partir de dos fragmentos encontrados en el yacimiento de Gran Dolina –explica Gala Gómez, restauradora del IPHES.
“Conté con un maxilar y un frontal de los cuales se habían hecho moldes. A partir de ahí modelé el resto del cráneo con plastilina. Después, el también restaurador Alex Soler, hizo un molde de silicona del conjunto y acto seguido reprodujo la pieza en resina de poliéster.
“Este trabajo ha implicado que, sobre la reproducción en resina, se hayan tenido que pintar los huesos del cráneo encontrados en Gran Dolina, diferenciándolos de la parte modelada.
“Con el fin de permitir una distinción clara entre los fragmentos originales y los añadidos, hemos seguido un criterio de restauración arqueológica mediante la aplicación de una tonalidad neutra en las partes reconstruidas”, puntualizó Gala Gómez, quien ha hecho realidad todo este trabajo con el asesoramiento del Carlos Lorenzo, investigador del IPHES y profesor de la Universidad Rovira i Virgili.
“La reconstrucción completa del cráneo de Homo antecesor no se había hecho nunca y hemos concebido la parte posterior del cráneo a partir de restos del homínido de Ceprano, Italia, y del de Dmanisi, Georgia”, asegura el científico.
“Evolutivamente, estos fósiles son los más próximos a antecessor y algunos de ellos permiten conocer cómo sería la cara de un adolescente de hace un millón de años.
A partir de la reconstrucción realizada ha sido digitalizado el cráneo de Homo antecessor y se ha elaborado por primera vez una recreación en 3D del aspecto que tendría este homínido, tarea que ha estado a cargo de un equipo encabezado por el especialista de esta tecnología en el IPHES, Jordi Espona.
“Incluso, hemos puesto piel y músculos al homínido de manera que puede contemplarse en acción mediante un diorama”.
En el stand del IPHES en la Feria de la Ciencia también fueron exhibidas fotografías de 14 años de investigación en el entorno de Homo antecesor. Además, se mostraron réplicas de cráneos de Homo ergaster, Homo georgicus, Homo neandertalensis y Homo Sapiens.(Cinta S. Bellmunt, IPHES. Fotos: Jordi Espona)

domingo, 22 de junio de 2008

Inician en Atapuerca nueva campaña de excavaciones









Texto y foto: Flor de Paz

Una nueva campaña de excavaciones, Ata 2008, acaba de iniciarse en la Sierra de Atapuerca, en Burgos, España, para continuar ahondando en el conocimiento de la evolución humana.

Dirigidas por José María Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell, en esta segunda quincena de junio alrededor de 40 personas, entre arqueólogos y otros especialistas, trabajarán en los yacimientos de la Sima del Elefante, Covacha de los Zarpazos, Gran Dolina, Cueva del Mirador y Hotel California.

A partir de julio continuarán las excavaciones en los yacimientos citados y además, en el Portalón de Cueva Mayor y en la conocida Sima de los Huesos, donde han aparecido restos de más de 28 individuos correspondientes a Homo heidelbergensis. Esta colección es la más completa del mundo procedente de un solo yacimiento y la mejor que existe de la especie.

En la Sima del Elefante, donde durante la campaña de 2007 el Equipo Investigador de Atapuerca realizó el descubrimiento de una mandíbula humana de 1,2 millones de años (el fósil humano más antiguo de Europa), se continuarán las labores de búsqueda.

Los restos de más edad hallados en la Sierra de Atapuerca en el transcurso de 30 años de excavaciones pertenecen al Pleistoceno, inferior, medio y superior. En este orden, los más antiguos son los de la Sima del Elefante; los de Homo antecessor ,en Gran Dolina, de más de 800 mil años, y los de Homo heidelbergensis, en la Sima de los Huesos, que superan los 500 mil años. La Sierra de Atapuerca es el yacimiento euroasiático en el cual se localiza la mayor diversidad de fósiles humanos del Pleistoceno.
Una buena parte de las personas que excavan en estos yacimientos pertenecen a distintos centros de investigaciones, entre ellos la Universidad de Burgos, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), el Centro Mixto Universidad Complutense de Madrid sobre Evolución y Comportamiento Humano y la Universidad de Zaragoza.

Asimismo participan especialistas de más de 20 disciplinas pertenecientes a otras instituciones españolas e internacionales.

Los expertos, además de protagonizar las excavaciones, tienen la tarea de instruir de forma directa a los estudiantes presentes en estas jornadas arqueológicas.

domingo, 15 de junio de 2008

El europeo más antiguo tiene 1,2 millones de años


José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, codirectores del Proyecto Atapuerca examinan el fósil humano descubierto en Sima del Elefante.Su descubrimiento anticipa en 400 mil años la presencia humana en Europa, según publica la revista Nature. (Foto: Jordi Mestre)

Por Flor de Paz

Los restos humanos más antiguos de toda Europa: una mandíbula con varios dientes, y un molar descrito ya en junio pasado, ambos con un registro de 1,2 millones de años, fueron hallados en el yacimiento Sima del Elefante (nivel 9), de la Sierra de Atapuerca, durante la campaña de excavaciones realizada en el verano de 2007.

La trascendencia de este descubrimiento, que acaba de ser publicado en la revista Nature, radica en que los fósiles aparecieron en un nivel donde anteriormente se había reportado la presencia de industria lítica y fauna, algunos de cuyos huesos presentaban marcas de corte, elementos ya de por sí demostrativos de la presencia de actividad humana. Pero faltaba la evidencia: los restos óseos de homínidos.

Ahora los científicos ya disponen de esa prueba: el propio fragmento de mandíbula con varios dientes, un contexto arqueológico compuesto por herramientas de piedra y huesos de grandes mamíferos con marcas de haber sido procesados por estos homínidos con fines alimentarios.

Según explica Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Atapuerca, “todo este conjunto cuenta con una datación muy fiable, obtenida por diversos métodos, y que arroja una edad de entre 1,1 y 1,2 millones de años”.

Y añade: “El descubrimiento de este fósil humano se adscribe a la especie Homo antecesor, que fue definida en el nivel seis de otro yacimiento de la Sierra de Atapuerca, Gran Dolina, hecho que publicó hace poco más de 10 años la revista Science”.

La asociación de los restos humanos descubiertos en Sima del Elefante (1,2 millones de años) y los de la Gran Dolina (800 mil años), cambia algunas concepciones iniciales sobre el origen africano de Homo antecessor.

“Si este homínido vivió en dos sitios de la sierra burgalesa y los homínidos de Dmanisi, en Georgia, están datados en 1,8 millones de años, la hipótesis de una procedencia asiática toma ahora mucho más fuerza. Por otra parte, en África aún no ha sido descubierto ningún resto que pueda asociarse claramente a Homo antecessor”, reflexiona la Doctora Marina Mosquera, del Equipo de Investigaciones de Atapuerca.

El origen asiático del género Homo

La posibilidad de un origen asiático (y no africano) para la mayoría de las especies de Homo es un tema de debate actual en el contexto del estudio de la evolución humana. Su significativa importancia no pasó por alto en los debates del recién celebrado II Seminario Internacional sobre Paleoecología Humana: nuevos avances, celebrado en Burgos, España, y donde se reunieron científicos de varios países del mundo.

Uno de los participantes en el encuentro, David Lordkipanidze, responsable de las investigaciones y excavaciones del yacimiento del Pleistoceno inferior, en Dmanisi, Georgia, explicó cómo los hallazgos del sitio arqueológico que él tiene a su cargo han transformado las concepciones que se tenían sobre los homínidos y sus características físicas, además del momento en que llegaron a Eurasia.

“Los hallados en Dmanisi tienen una capacidad craneal de 600 centímetros cúbicos, similar a los que salieron de África. Sus extremidades inferiores son muy similares a las humanas y las superiores se acercan más a las del mono, lo cual incide en sus características locomotoras”.

Interrogado sobre si puede afirmarse que los homínidos entraron a Europa por Asia, David Lordkipanidze afirmó: “Esa es la evidencia que tenemos hasta hoy, aunque es muy difícil precisar cuál era entonces la frontera entre ambos continentes.”

Dmanisi se encuentra en un sitio estratégico entre ambos continentes, por lo cual se le ha denominado “las puertas de Europa”. Este punto geográfico, junto a Italia y a la Península Ibérica, son los más importantes para el estudio del poblamiento del Viejo Continente. En ellos se descubren actualmente las evidencias más antiguas de la presencia de homínidos en Eurasia.

Para José María Bermúdez de Castro, uno de los codirectores del Proyecto Atapuerca, Dmanisi representa una de las primeras evidencias, si no la primera, de la presencia genero Homo.

“Hay algunos investigadores que pensamos que Homo habilis en realidad debería clasificarse como Australopithecus habilis, mientras que los homínidos encontrados en Dmanisi deberían ser los primeros en considerarse Homo. Si eso es correcto, el origen de nuestro género está en Eurasia y las especies africanas pertenecientes a Homo, pudieran tener un origen euroasiático.

“Creemos que Dmanisi ha jugado un papel fundamental en las expansiones. No solamente hacia lugares como la Isla de Java, Indonesia o Europa occidental. Quizás nuestro Homo antecessor esté relacionado con este primer esparcimiento demográfico”, señaló Bermúdez de Castro.

El aspecto cultural, que tiene significativa incidencia en estas concepciones, fue subrayado por Eudald Carbonell, también codirector del Proyecto Atapuerca. Para este arqueólogo de profesión y filósofo de vocación y ejercicio, “muchas veces el origen del género Homo se ha relacionado con el origen de la cultura y de la tecnología y, por ahora, las tecnologías más antiguas han sido descubiertas en África, no en Eurasia.

“Más que nunca creo que hay una aproximación entre la arqueología, la geología, la botánica y la antropología, y una estrecha relación entre biología y cultura. Todas ellas deben andar juntas, para evitar bifurcaciones en la discusión sobre los procesos adaptativos de las especies que conforman nuestro género y los que están próximos al nuestro”, concluyó.

PUBLICAR EN NATURE

Para Eudald Carbonell, que el Equipo de Atapuerca ocupe por segunda vez una portada en la prestigiosa revista Nature es un hecho extraordinario que vuelve a poner en la primera línea científica internacional el tema de la evolución humana, así como la importancia de los yacimientos burgaleses.

La primera fue en el año 1993 –explica- cuando descubrimos en la Sima de los Huesos los cráneos de Homo heildebergensis, de cerca de medio millón de años de antigüedad. Ahora, en 2008, tenemos de nuevo un artículo y la portada en Nature, con motivo del descubrimiento de una mandíbula humana en otro yacimiento de la Sierra de Atapuerca, la Sima del Elefante.

“Para nuestro equipo, ser portada dos veces con el mismo complejo de yacimientos significa la consolidación de los estudios de la prehistoria y la paleontología en España. Gracias a estos y otros importantes descubrimientos, nuestro país empieza liderar estas ramas del saber”, dijo. (Publicado en el periódico Orbe, de la Agencia Prensa Latina, en abril de 2008)


viernes, 2 de mayo de 2008

“Todavía no somos humanos”



Afirma Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Atapuerca, uno de los más representativos grupos del mundo dedicado a la búsqueda de evidencias arqueológicas del Pleistoceno y al estudio de la evolución humana

Por Flor de Paz
Foto: Jordi Mestre

Cuenta Eudald Carbonell que de niño, cuando disfrutaba los calurosos veranos en Santa María de Besora, un pueblecito de la provincia de Barcelona, le entretenía recoger fósiles en el campo. Con apenas cinco años, cada día volvía a la casa de sus abuelos con los bolsillos del pantalón repletos de animales prehistóricos fosilizados.

El propio día en que lo conocí, en su atiborrada oficina de la Universidad de Tarragona, en España, supe cómo durante los diez años previos a su ingreso en los estudios superiores, realizaba ya excavaciones arqueológicas. Descubrí también que apenas es posible sacar de este hombre unas pocas palabras sobre sí mismo. El sentido de su vida y el tema de sus conversaciones es la evolución humana.

Convertido en un investigador tenaz, ha explorado a lo largo de tres décadas cada palmo de la Sierra de Atapuerca, en una aventura científica que le ha permitido explicar la presencia humana en Europa durante el último millón de años y describir la especie de homínido más antigua de ese continente: el Homo antecessor.

En cada rincón de la prometedora montaña están las huellas de su voluntad y su saber. Sucesivas campañas de excavaciones han permitido a Eudald, y al equipo de investigaciones de Atapuerca, revelar el estimable potencial en cuanto al patrimonio fósil que guarda este yacimiento en sus entrañas.

La evolución humana no es un proceso lineal en el que una especie sucedió a la otra, comenta el notable profesor con la pasión de un escolar dibujada en su rostro. “Más bien se concibe como árbol, con su tronco y sus ramificaciones. Ya lo había dicho Darwin. Así emergió el género Homo y sus especies hace 2,9 millones de años. De ese macizo solo queda una pequeña hoja: el Homo Sapiens.

“Nuestro origen está en África. Evolucionamos durante tres millones de años a través de distintas especies. Después, nos esparcimos por otras regiones.

“En Europa, por ejemplo, existió el Neandertal, que vivió en este continente y en el oeste de Asia unos 300 mil años y desapareció hace unos 24 mil. No sabemos exactamente cuáles fueron los factores de su desvanecimiento. Algunos colegas plantean que se debió a la llegada del Homo sapiens a Europa, entre 40 y 50 mil años; otros creen que la causa de su extinción fue un cambio climático. Hay quienes pensamos, además, que las cuestiones genéticas fueron muy importantes en la desaparición de esta especie”.

Siguiendo los atajos de la evolución humana, el también catedrático de Prehistoria de la Universidad Rovira y Virgili, de Tarragona, explica que antes de los neandertales Europa fue habitada por el Homo heidelbergensis (ampliamente representado en Atapuerca). “Al mismo tiempo en Asia vivió el Homo erectus. Este último también desapareció cuando el Homo Sapiens entró en esas latitudes.

“El predecesor de heidelbergensis fue el Homo antecessor. Lo descubrimos en Atapuerca”, asegura Eudald con la naturalidad de un hombre que se siente hacedor del más común de los oficios.

“Han pasado diez años desde que la revista Science publicara nuestra propuesta de una nueva especie para el género Homo y hasta ahora ningún científico ha ofrecido datos que refuten esa definición. Por el contrario, los numerosos restos fósiles hallados sistemáticamente durante los últimos años en el nivel seis del yacimiento de la Gran Dolina (donde vivió este homínido en Atapuerca) han ido esclareciendo cada vez mejor sus características, entre las que sobresale la práctica del canibalismo como una costumbre cultural. Su procedencia, africana o asiática, es todavía un tema en discusión”.

En orden regresivo –señala el Doctor Carbonell Roura- tenemos a la especie africana Homo ergaster, que emergió hace 1,8 millones de años; antes existieron Homo rudolfensis y Homo habilis. Esta última es considerada por algunos paleontólogos como un Australopitecus y no un Homo.

“Por lo tanto, entre dos y tres millones de años atrás existieron en África tres grandes géneros: Homo, Australopithecus y Parántropos”.

Firme defensor de que el conocimiento sobre la evolución humana es determinante en la forma de ser y pensar del Homo sapiens, Eudald asegura que solo es posible enfrentar el serio peligro que corre nuestro planeta si cada vez más logramos transformar el conocimiento en pensamiento.

Así, concede singular importancia a la divulgación de los resultados investigativos, “pues es responsabilidad de los científicos, que después de publicar artículos en medios especializados de impacto y en libros, revistas y periódicos de todo tipo, pasemos a la divulgación directa de nuestras ideas”.

“Hominización no es humanización”

A la vez que investiga, publica e imparte clases en la Universidad Rovira y Virgili, Eudald Carbonell, con su plenitud de 54 años, encabeza el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirige el Proyecto Atapuerca.

Capaz de dedicar tiempo suficiente al diálogo, aún en medio de su agitado quehacer profesional, le escucho reflexionar antes de entrar a una de sus conferencias.

“Soy consciente de que somos el producto de una serie de adquisiciones socializadas que han aportado energía suficiente a nuestro género para convertirnos en Homo sapiens. Pero la búsqueda que hago del pasado me ha conducido a tener un interés obsesivo por el futuro, porque quiénes somos posiblemente continúe siendo la pregunta más difícil de contestar.

“El cerebro se nos ha hecho grande y más complejo; ha habido una progresiva encefalización de nuestra capacidad de transformar y el entorno nos ha transformado. La ciencia y la tecnología finalmente han pasado a ocupar un espacio preponderante en nuestra organización social, a consecuencia de la evolución integrada, y por lo tanto, del proyecto de hominización y humanización.

“Gracias a la ciencia y a su aplicación –señala- podemos modificar los mecanismos naturales y adaptarlos a la necesidad de obtener energía, y esta, a la vez, la usamos para conocer nuestra composición biológica y para saber cómo se produce el desarrollo cultural”.

Con audacia y picardía distintivas me regala al final de nuestro diálogo una sentencia premonitoria. “Nos encontramos inmersos en una dinámica de rápido crecimiento de las relaciones de producción, pero aún así, todavía no somos capaces de transferir toda la energía obtenida a todas las partes del sistema. Esto quiere decir que, desde mi perspectiva, todavía no somos humanos”. (Publicado en la revista Juventud Técnica, noviembre-diciembre de 2007)



jueves, 1 de mayo de 2008

El primer europeo sigue estando en Atapuerca



Una mandíbula de 1,2 millones de años descubierta en la sierra burgalesa reafirma la más temprana presencia humana en Europa occidental, según publica la revista científica Nature

Por Flor de Paz. Foto: Jordi Mestre

El descubrimiento de los restos humanos más antiguos de Europa: una mandíbula con varios dientes, datada en 1,2 millones de años y hallada en junio pasado en la Sierra de Atapuerca, España, fue dado a conocer esta semana por la revista Nature, que destaca el hecho en su portada con la imagen del antiquísimo fósil.

Este hallazgo de trascendencia mundial fue realizado por el Equipo Investigador del conocido sitio arqueológico, que dirigen los científicos Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Su localización se enmarca en el nivel nueve (TE9) del yacimiento Sima del Elefante, apenas a 200 metros de la Gran Dolina, donde en 1994 habían aparecido los primeros fósiles de Homo antecessor.

Los argumentos que demuestran la antigüedad de la mandíbula de Sima del Elefante se basan en elementos presentes en el propio fósil y en datos geológicos, geocronológicos y biocronológicos.

Este resto óseo humano consiste sobre todo en la sínfisis, región anterior de la mandíbula que conserva in situ algunos dientes. La morfología de la cara anterior de la sínfisis es primitiva y recuerda a la de fósiles africanos del Pleistoceno Inferior atribuidos a Homo habilis y Homo rudolfensis.

El espécimen de la Sima del Elefante tiene muchas similitudes con las mandíbulas encontradas en el yacimiento de Dmanisi (República de Georgia) que datan de 1.700.000 años; pero la cara posterior de la sínfisis tiene un aspecto más derivado, que recuerda al de ciertas mandíbulas de yacimientos de Asia.

“Provisionalmente, hemos asignado esta mandíbula a la especie Homo antecessor”, señala una comunicación de la Fundación Atapuerca.

El estudio de paleomagnetismo de los niveles inferiores de la Sima del Elefante (desde el siete hasta el 16) revela asimismo que estos se depositaron durante el pleistoceno inferior, hace entre 780 mil y 1 780 000 años.

Los fósiles de mamíferos asociados a la mandíbula humana encontrada y a los utensilios de silex, en particular un mustélido ( Pannonictis nestii); un múrido (género Castillomys), así como otras especies de roedores, indican una antigüedad para el nivel nueve de Sima del Elefante de hasta un millón 400 mil años.

Las herramientas de sílex, hasta un total de 32 piezas, fueron probablemente elaboradas a partir de nódulos de sílex del Neógeno y Cretácico, que se localizan en un radio menor a dos kilómetros en torno a este lugar. Su técnica de producción es muy sencilla y su objetivo era obtener lascas simples de entre 30 y 75 milímetros de longitud. Con la utilización de ellas, estos homínidos aprovecharon la carne de algunos grandes herbívoros, como muestran las marcas que los útiles líticos dejaron sobre algunos huesos.

“La trascendencia de este descubrimiento, radica en que el nuevo fósil apareció en un nivel donde anteriormente se había reportado la presencia de industria lítica y fauna, algunos de cuyos huesos presentaban marcas de corte, elementos ya de por sí demostrativos de la presencia de actividad humana. Sima del Elefante es el único yacimiento de Europa datado en esa edad, en el cual han aparecido restos de homínido”, señala la Doctora Marina Mosquera, una de las autoras del artículo de Nature.

Un origen asiático

La asociación de la mandíbula de la Sima del Elefante a la especie Homo antecessor cambia algunas concepciones iniciales sobre el origen africano de este homínido. Si antecessor estuvo presente en dos sitios de la sierra burgalesa, Gran Dolina (800 mil años) y Sima del Elefante (1,2 millones de años), y los homínidos de Dmanisi, en Georgia, están datados en 1,8 millones de años, la hipótesis de una procedencia asiática toma ahora mucho más fuerza. Por otra parte, en África aún no ha sido descubierto ningún resto que pueda asociarse claramente a Homo antecessor.

“Es probable que la primera población europea proceda de la región del Próximo Oriente, verdadero cruce de caminos entre África y Eurasia, y que estuviera relacionada con la primera expansión demográfica fuera de África, en la actualidad representada por los homínidos de Dmanisi.

Todas las evidencias sugieren un evento de especiación en el extremo más occidental de Eurasia, que habría originado el linaje humano caracterizado en la actualidad por los fósiles del nivel TD6 de Gran Dolina y este nuevo fósil de la Sima del Elefante”, señala el comunicado.

El doctor Eudald Carbonell, reflexiona sobre la significación del nuevo hallazgo

Por segunda vez el equipo de Atapuerca ocupa una portada de la prestigiosa revista Nature. La primera fue en el año 1993, cuando descubrimos en la Sima de los Huesos los cráneos de Homo heildebergensis, de cerca de medio millón de años de antigüedad. Ahora, en 2008, tenemos de nuevo un artículo y la portada en Nature, con motivo del descubrimiento de una mandíbula humana en otro yacimiento de la Sierra de Atapuerca, la Sima del Elefante.

Para nuestro equipo, ser portada dos veces con el mismo complejo de yacimientos significa la consolidación de los estudios de la prehistoria y la paleontología en España. Gracias a estos y otros importantes descubrimientos, nuestro país empieza liderar estas ramas del saber, y se han podido consolidar equipos de científicos que no paran de crecer y producir científicamente.

El resto fósil de la Sima del Elefante, en la Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca, es la prueba más antigua que conocemos del poblamiento humano en la Europa estricta. Todos los científicos que trabajamos en evolución presuponíamos que la ocupación de Europa por parte de los homínidos podía ser más temprana, pero se tenía que disponer de evidencias empíricas.

Ahora ya disponemos de estas pruebas: el propio fragmento de mandíbula con varios dientes, y, directamente asociado a éste, un contexto arqueológico compuesto por herramientas de piedra y huesos de grandes mamíferos con marcas de haber sido procesados por estos homínidos con fines alimentarios. Además, todo este conjunto cuenta con una datación muy fiable, obtenida por diversos métodos, y que arroja una edad de entre 1,1 y 1,2 millones de años.

El descubrimiento de este fósil humano se adscribe a la especie Homo antecesor, que fue definida en el nivel TD6 de otro yacimiento de la Sierra de Atapuerca, Gran Dolina, y publicado en la revista Science.

En definitiva, pues, el nuevo descubrimiento en la Sima del Elefante vuelve a poner en la primera línea del escaparate científico internacional el tema de la Evolución Humana, así como la importancia de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca en este ámbito. (Publicado en el periódico ORBE, Prensa Latina, marzo de 2008)

Venimos de África por partida triple







Por Flor de Paz

El por qué de la primera salida homínida fuera de África, el continente originario de la mayoría de nuestros antecesores, es todavía un tema polémico entre los científicos que se dedican al estudio de la evolución humana. Numerosas hipótesis han tratado de explicar este acontecimiento, que marcó importantes pautas en el devenir del género Homo.

Una de las explicaciones más recientes se fundamenta en los hallazgos de numerosos restos humanos de 1,8 millones de años (m.a.) en los yacimientos georgianos de Dmanisi y en una crisis climática ocurrida en África en esa misma etapa cronológica.

En el conocido asentamiento euroasiático ya había sido descrito anteriormente la especie Homo georgicus. Su descubrimiento testimonió que los humanos habían llegado a esta región del mundo mucho antes de lo que se pensaba hasta ese momento. Pero a los numerosos restos humanos obtenidos en Dmanisi, se suma ahora un esqueleto postcraneal o del cuerpo, que proporciona nuevos e importantes datos sobre la evolución de nuestro género, por su proximidad temporal y física a los fósiles del registro arqueológico africano.

Con los hallazgos de Dmanisi se han transformado todas las concepciones que se tenían sobre el momento en que los homínidos llegaron a Eurasia, sus características físicas y desarrollo tecnológico, aun cuando apenas se ha excavado el cinco por ciento de estos yacimientos.

Además de la presencia de Homo georgicus en la región caucásica, los científicos involucrados en el proyecto georgiano han podido elaborar una respuesta para explicar el por qué estos homínidos necesitaron salir de su entorno originario y migrar hacia regiones antes inexploradas por ningún miembro del género Homo, ni de sus antecesores Australopithecus y Parántropos.

“Cada vez más se impone la idea de que no solo la primera dispersión fuera de África, sino todas las migraciones humanas hasta tiempos relativamente recientes y durante el largo proceso de la evolución (más de cinco millones de años), son consecuencia de los cambios climáticos. Los homínidos siempre fueron objeto de esas variaciones y solo muy recientemente ocurre lo contrario”, explica el Profesor Jordi Agustí, del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de Tarragona, España.

El Homo sapiens actual –señala- provoca las alteraciones que se producen en el clima, pero hasta hace muy poco, en términos evolutivos, los seres humanos siempre fuimos una consecuencia del cambio climático.

Dmanisi: a las puertas de Eurasia

El Cáucaso constituye –aún en la actualidad- una zona de características excepcionales. Al sur de esta gran cadena montañosa se concentra uno de los últimos refugios de la vegetación subtropical que durante el Mioceno y el Plioceno cubrió buena parte de Europa. Ello es consecuencia de las particulares condiciones climáticas que se dan en este territorio, bordeado por los mares Caspio y Negro. Asimismo, la muralla caucásica constituye una barrera eficaz frente a los fríos y secos vientos del norte. Estas favorables condiciones se encontraban todavía más acentuadas a principios del Pleistoceno, cuando un brazo de aguas someras conectaba a los mencionados mares con el norte del Cáucaso y la región aparecía como una amplia península que comunicaba con la zona del Próximo Oriente, a través de la región de Dmanisi.

“Por allí podrían haber dirigido sus pasos, hace 1,8 millones de años, arcaicas poblaciones de homínidos que vivían en el extremo septentrional del Ritf africano, para poder perpetuar su modo de vida en los bosques”, explica el Profesor Jordi Agustí.

“Estos primeros homínidos que salieron de África, a diferencia de lo que se pensaba hasta hace muy poco, eran muy arcaicos y estaban vinculados a un hábitat de bosques, no de sabanas; dato que puede explicar la presencia de individuos tan antiguos (1,8 millones de años) en el extraordinario yacimiento de Dmanisi. Ese es un punto de vista que comparto con David Lordkipanidze”, agrega.

Según la concepción predominante hasta ahora, la primera migración humana fuera de África había sido relacionada con la aparición de los avanzados Homo ergaster (de entre 1,8 y 1,4 millones de años de antigüedad y una capacidad craneal de 800 y 950 centímetros cúbicos). Las innovaciones anatómicas y tecnológicas de esta especie permitieron que se elaborara un escenario en el que la primera colonización humana en Eurasia apareciera asociada a un significativo aumento de la capacidad craneal y al desarrollo de nuevas facultades locomotoras.

Sin embargo, los hallazgos de Dmanisi refutan esa hipótesis: los humanos que llegaron a la región caucásica tenían entre 600 y 750 centímetros cúbicos de capacidad cerebral y características anatómicas diferentes a las de Homo ergaster.

Las extremidades inferiores de Homo georgicus se asemejan mucho a las humanas (lo cual incide en sus características locomotoras) - subraya el Profesor David Lordkipanidze -, pero las superiores son más primitivas.

“Practicó la tecnología lítica denominada Modo I u Olduvayense (fabricó herramientas muy simples como lascas de piedra sin retocar o cantos tallados). Era carroñero y jugó un papel muy importante en los ecosistemas que habitó al entrar en competencia con otros depredadores.

“Los restos encontrados en el yacimiento de Dmanisi demuestran que la primera salida de los homínidos de África estuvo protagonizada por especies más arcaicas que el Homo ergaster y más próximas al Homo habilis (2,3-1,3 m.a.).

El profesor Jordi Agustí considera por su parte extraordinaria la importancia de los yacimientos de Dmanisi: “No solo por lo que puede aportar en el futuro; ahora mismo, a partir de los hallazgos del esqueleto postcraneal, recientemente publicado en la revista Nature, este yacimiento nos ofrece información acerca de cómo eran las primeras formas de nuestro género en África. Son datos mucho más fiables de los que existen en ese continente, porque allí el registro es muy discontinuo y los restos han sido reconstruidos a partir de miles de fragmentos.

“La conservación de los restos homínidos de Dmanisi es extraordinaria. Por tanto, este yacimiento no solo va a proporcionar las claves de la primera salida de África sino también las del origen del género Homo en el continente africano”.


-La forma de vivir en África que tenían los homínidos antes de emigrar a Asia varía mucho con respecto a la que después practicaron en Dmanisi?

-Probablemente no era muy diferente. Homo georgicus tenía un cerebro un poco mayor que un Australopithecus (uno de los géneros que antecedió a Homo). Por tanto, necesitaban un aporte de proteínas que no sacaban de la caza, porque eran más presas que depredadores; el alimento lo obtenían como carroñeros y también de la médula de los huesos que rompían con sus útiles. Esta forma de vida no varía mucho en relación con la que tenían en el este africano.

- Por eso usted piensa que en ese momento los homínidos formaban parte de todo el sistema ecológico?

-Sí. Nuestra historia es la historia de la independización del medio. Primero, como presas, formamos parte básica de la pirámide ecológica; luego, cuando nos convertimos en cazadores, en depredadores, nos situamos en la cúspide de ese sistema.

“A partir del neolítico, nos apartamos de la pirámide ecológica. Y en lugar de estar influidos por el medio natural, empezamos a cambiarlo a nuestro favor, con las consecuencias que sufrimos actualmente.

- Los restos humanos pleistocénicos de Dmanisi (1,8 m.a) y de Atapuerca, y específicamente, los de la Sima del Elefante (1,2 m.a.), del propio complejo arqueológico burgalés ¿tienen alguna relación?

-Es muy interesante que en Europa Occidental aparezcan ahora restos de homínidos próximos a la edad de los de Dmanisi. Ya sabíamos de la existencia de industrias líticas con una cronología cercana al yacimiento georgiano. En Europa está presentes, por ejemplo, en Orce, Granada, y en la propia Atapuerca. Pero no teníamos testimonio físico de los homínidos que fabricaron esas herramientas de piedra; no teníamos forma de investigar cómo eran aquellos seres humanos.

“El nuevo hallazgo de un molar de homínido de 1,2 millones de años, en la Sima del Elefante, Atapuerca, proporcionará las primeras claves para obtener esa información, y también para saber si se trata de una segunda migración o de un desplazamiento directo de los seres humanos de Dmanisi hasta la Península Ibérica”, agrega el Profesor Agustí.

-Entonces, de una manera u otra todos venimos de África?

- Todas las evidencias apuntan a que venimos de África por partida triple, porque probablemente hay varias migraciones fuera del continente africano y la que originó al Homo sapiens es la última. Eso no quiere decir que cada vez se vea más claro que no solo fue un viaje de ida, sino también de vuelta. Los homínidos viajaron de África a Asia y viceversa, y de Asia a Europa. La historia parece ser más complicada de lo que imaginábamos hasta hace algunos años.

“En el transcurso de solo una década nuestro panorama de esta parte de la evolución humana ha cambiado extraordinariamente, en relación con la primera salida de África y el conocimiento de lo ocurrido en los últimos dos millones de años. Nuestro punto de vista se ha enriquecido de manera considerable, gracias a sorpresas como las que nos ha ofrecido Dmanisi”, concluyó el investigador.

COLABORACIÓN CIENTÍFICA

David Lordkipanidze es el responsable de las investigaciones y excavaciones del yacimiento del Pleistoceno inferior de Dmanisi. Su equipo de trabajo mantiene una estrecha colaboración científica con el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), y también con el Proyecto Atapuerca.

El profesor Lordkipanidze también es Director del Museo Estatal de Georgia (Tiblisi) y del Departamento de Geología y Paleontología del Georgian Center for Prehistoric Research. Es profesor visitante de varias universidades, como la de París y Harvard. Tiene más de 60 publicaciones científicas en revistas como Science, Nature, Quaternaire y L´Anthropologie. Ha participado y dirigido numerosos proyectos de investigación. Recientemente fue nombrado miembro de la National Academy of Sciences de Estados Unidos.

Jordi Agustí forma parte del equipo internacional que participa en el proyecto arqueológico georgiano. Es profesor de Investigación en el Instituto de Paleoecología Humana de la Universidad de Rovira y Virgili, en Tarragona, y miembro de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona. Como paleontólogo su actividad científica se ha centrado en la paleobiología de los macromamíferos fósiles. Ha publicado más de 200 artículos en revistas científicas de ámbito internacional y dirigido diversos proyectos de investigación en Europa sobre la evolución de los ecosistemas terrestres durante el Neógeno y el Cuaternario. (Publicado en el periódico Juventud Rebelde, marzo de 2008)