sábado, 26 de marzo de 2011

Eudald Carbonell: nueve días en La Habana

















Por Flor de Paz. Foto: Gizéh Rangel
Por tercera vez volvió a Cuba el arqueólogo español Eudald Carbonell, uno de los principales protagonistas de los hitos de Atapuerca y de los cambios que los hallazgos de la sierra burgalesa han conllevado para el conocimiento sobre la evolución humana.
Ahora sabemos que los humanos llegaron a Europa mucho antes de lo que se pensaba hasta hace muy poco. Las investigaciones científicas realizadas por el equipo que codirige este catedrático, Premio Príncipe de Asturias en Ciencia y Tecnología, han modificado los fechados y concepciones sobre la expansión de los homínidos por el continente euroasiático.  
Más de treinta años de excavaciones arqueológicas han permitido que Atapuerca haya tributado centenares de fósiles humanos al registro mundial. Pero este yacimiento no es solo un aportador de pruebas de la exitencia humana en Europa hace más de un millón de años. Eudald lo reintera una y otra vez: “Lo importante de saber cómo hemos sido es que nos ayuda a explicarnos cómo somos”.
Homo sapiens es la última hoja que cuelga del árbol de la evolución, ha dicho alguna vez el eminente científico. Y a partir de ese presupuesto alerta que es urgente que los humanos desarrollemos lo que él denomina una conciencia crítica de especie. Aunque piensa que esta no llegará a tiempo para salvarnos de un colapso que provocará la pérdida de una buena parte de los congéneres.
Este es el discurso, sabio y realista, que el doctor Carbonell (como suelen llamarle algunos colegas en Cuba) formuló durante nueve días en La Habana, a donde llegó con una agenda poco cargada y que luego fue engrosándose por las numerosas peticiones de escucharle de nuevo en uno u otro sitio.
Atapuerca en la evolución humana (su conferencia magistral para el Congreso de Antropología) fue pronunciada un par de veces más por el científico; una, en el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana; otra, en el Colegio Universitario de San Gerómino, donde ya había impartido Emergencia y socialización de la ciencia.
El propio Gabinete de Arqueología le había recibido días antes, ocasión en la que Roger Arazcaeta, director de la institución, mostró a su colega la estructuración del centro, algunas excavaciones en proceso y una publicación anual con que cuenta, la cual Carbonell se comprometió a honrar con un artículo de su autoría.
Al intenso proceso de intercambios y conferencias desarrollados en el Casco Histórico de La Habana, se sucedió el encuentro con el doctor Eusebio Leal, artífice mayor de la obra que tiene lugar en este enclave citadino.
Durante el diálogo, el más importante restaurador  social del patrimonio cubano dijo que estaba maravillado con las noticias que llegaban de Atapuerca, porque cambian completamente una visión muy limitada que se tenía de la historia de la humanidad, y sentenció: “La Habana Vieja es una Atapuerca grande donde perviven huellas de nuestra cultura, y el trabajo de  arqueología urbana del período histórico que aquí se desarrolla ha dado un sentido de ser a la restauración arquitectónica.
Para Carbonell la intervención que tiene lugar en La Habana Vieja se enlaza con su concepto de patrimonio como registro, y que según ha escrito se ha de entender como un objeto que articula realidades humanas a escala sincrónica y diacrónica; se trata de la expresión material más consistente de los proyectos de humanización que dejan rastros sociales e históricos.
Otra experiencia expuesta por el reconocido arqueólogo fue la de la socialización del Proyecto Atapuerca, que ha calado profundamente en la sociedad española, y junto a otros factores, ha contribuido a que sea actualmente la más laica de la región.
Un contacto con los profesores de la cátedra Ciencia, Tecnología y Sociedad, estuvo matizado por el debate filosófico acerca de cómo desarrollar la llamada conciencia crítica de especie expuesta por Carbonell.
Según el Profesor Carlos Delgado, miembro del colectivo científico, esta conciencia no solo puede contextualizarse en la ciencia, porque la ciencia se ha construido en el mismo entorno valorativo en que hemos edificado la religión y los modos de sentir que tenemos hoy. “Y si hay un ocurantismo religioso, también hay un ocurantismo científico y tecnológico, y con ambos sucede lo mismo: cuando uno es parte de ese oscurantismo, no lo ve”.
En otra reunión con los actuales maestrantes de la especialidad, el pensador español subrayó la importancia de la socialización de la ciencia, teniendo en cuenta que esta, junto a la tecnología, se hallan en la base de la emergencia de nuestra especie, en lo cual son determinates  la experiencia y la educación que están en el medio humano.
Las estrategias seguidas para hacer llegar al público el conocimiento generado desde la ciencia fue el tema central de su encuentro con una parte del colectivo de la revista Juventud Técnica, donde Eudald  significó que hay que pasar de la divulgación de la ciencia a su socialización. “La primera brinda un acervo de conocimientos mientras que la otra condiciona pensamientos y actitudes, esa es la diferencia”, dijo.  
De recorrido por las instalaciones del Museo de Historia Natural Carbonell entró en contacto con la labor científica, de conservación y museística, que desarrolla la institución. En el intercambio con el geo-paleontólogo Reinaldo Rojas, su director, fue destacada la importancia de la ciencia tafonómica y sus aplicaciones en la arqueología. Durante el trayecto por la edificación el científico español también visitó las oficinas de la Sociedad Cubana de Geología, donde fue recibido el Doctor Manuel Iturralde, presidente de la organización científica.
Momento especial fue el diálogo sostenido por el catedrático  español con el Doctor Vicente Berovides, uno de los más notables estudiosos de la evolución humana en Cuba. El anfitrión al resumir sus impresiones sobre el visitante expresó: “Sin lugar a dudas, los aportes del Doctor Carbonell y su grupo han trascendido el ámbito de su país y son hoy un legítimo patrimonio del conocimiento universal, que arrojan luz sobre nuestro pasado  y futuro evolutivo. Este hombre ha hecho una contribución brillante, a través de la Fundación Atapuerca y de sus famosos hallazgos sobre la evolución humana en Europa; pero también se proyecta de manera sabia en el futuro del hombre como especie biosocial, hecho que refleja en sus más de 25 obras científicas, cuya idea central es la teoría de la socialización de los conocimientos tecnológicos y científicos, con énfasis en la selección tecnológica, que algún día la humanidad alcanzará como punto de giro crucial de su evolución biosocial”.

lunes, 21 de marzo de 2011

"La Habana Vieja es una Atapuerca grande"


Expresó el historiador Eusebio Leal Spengler durante un diálogo con el arqueológo español Eudald Carbonell, en el que hizo un paralelo entre ambas instituciones Patrimonio de la Humanidad
Por Flor de Paz
Un breve encuentro entre Eudald Carbonell Roura y Eusebio Leal Spengler tuvo lugar en la mañana de este lunes en la sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.
En el diálogo el más importante restaurador  social del patrimonio cubano dijo que estaba maravillado con las noticias que llegaban de Atapuerca, porque cambian completamente una visión muy limitada que se tenía de la historia de la humanidad.  Reconoció asimismo que es impresionante como desde un solo lugar se ha podido renovar  el conocimiento sobre la evolución humana.
“En Atapuerca hemos conseguido información desperdigada durante centenares de años y todo esto cambia absolutamente el concepto de evolución en Euroasia”, acotó el arqueólogo español, ante lo cual Leal Spengler subrayó el gran reconocimiento que tiene en España los resultados alcanzados por el equipo científico.
Hemos propiciado un cambio de mentalidad, agregó Carbonell Roura. “Pasamos de ser la reserva espiritual de occidente  a ser uno de los países más laicos de Europa, y en esta transformación tiene  mucho que ver la teoría de la evolución que hemos socializado”.
El codirector de los yacimientos burgaleses agregó además que en Atapuerca han conseguido crear una estructura compleja: un Museo, una fundación, dos centros de interpretación y tres de investigaciones (con cuatro universidades asociadas: la Complutense de Madrid, Tarragona, Burgos y Zaragoza) todo lo cual está encaminado a convertirse en un sistema social científico de primer orden.






 Eudald Carbonell y Eusebio Leal intercambian impresiones sobre los proyectos que dirigen.

Para Eusebio Leal la Habana Vieja es una Atapuerca grande donde perviven huellas de nuestra cultura ,y el trabajo de  arqueología urbana del período histórico que aquí se desarrolla ha dado un sentido de ser a la restauración arquitectónica.
En esta dirección Carbonell Roura explicó que había realizado un pequeño estudio teórico sobre la ciudad patrimonial como ciudad educadora, basado en el contexto del enclave romano de Tarragona, también Patrimonio de la Humanidad.
Al respecto el científico español ha escrito en su libro El nacimiento de una nueva conciencia que “el patrimonio como registro se ha de entender como un objeto que articula realidades humanas a escala sincrónica y diacrónica; se trata de la expresión material más consistente de los proyectos de humanización que dejan rastros sociales e históricos. Es por eso que se puede intervenir científicamente; tiempo y espacio material vinculan la vida de los ciudadanos en los diferentes momentos de su constructo económico y social.
“Las intervenciones sobre el patrimonio en forma de excavaciones, rehabilitaciones y restauraciones también dinamizan la imagen de ciudad que se auto educa preservando sistemáticamente su pasado para poderlo vivir con plenitud histórica”
Al finalizar el diálogo Eudald Carbonell, a nombre de los tres  codirectores del Proyecto Atapuerca, invitó a Eusebio Leal a visitar los yacimientos pleistocenos de Burgos  y el complejo museístico de esta ciudad y de los municipios de Ibeas y Atapuerca, a través de la Fundación del mismo nombre.

martes, 8 de marzo de 2011

IMPARTIRÁ CONFERENCIAS EN CUBA EL NOTABLE ARQUEÓLOGO ESPAÑOL EUDALD CARBONELL



El Profesor Eudald Carbonell Roura, codirector de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca (Burgos, España), visitará La Habana entre el 13 y 23 del presente mes de marzo para asistir al Congreso ANTROPHOS 2011, y en el que impartirá una conferencia magistral titulada Atapuerca en la evolución humana.
Como parte de sus actividades en Cuba, el paleontólogo y catedrático español, Premio Príncipe de Asturias en Ciencia y Tecnología, también disertará en el Colegio San Gerónimo de La Habana. Su intervención en la institución universitaria, bajo el título Emergencia y socialización de la ciencia, estará dirigida al público no especializado y tendrá lugar el día 21 de marzo a las tres de la tarde.
Carbonell Roura trabaja desde hace más de 30 años en los conocidos yacimientos de Atapuerca donde han sido encontrados restos humanos de hasta 1,2 millones de años de antigüedad y descubierta una nueva especie de homínido: el Homo antecessor.
La Sierra de Atapuerca (Patrimonio de la Humanidad) también ha aportado la primera prueba de canibalismo de la historia, hace un millón de años, y el primer enterramiento en la evolución humana hace 500 mil. En total, allí han sido hallados más de 6000 fósiles humanos.
El Proyecto del mismo nombre, encaminado a convertirse en un sistema socializador del conocimiento científico, se ha enriquecido recientemente con la inauguración del Museo de la Evolución Humana (MEH): una vidriera gigante donde se muestran los trabajos más importantes de Atapuerca, la evolución biológica y cultural de la humanidad y su relación con el medio natural.
En el entorno la Fundación Atapuerca, del Centro de Investigaciones para la Evolución Humana (CENIEH) y de los centros de interpretación y los propios yacimientos, el MEH completa el conjunto de instituciones burgalesas que ofrecen una panorámica única sobre el fenómeno evolutivo.
Eudald Carbonell Roura es protagonista excepcional de todos estos acontecimientos sociocientíficos, además dirige el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), ubicado en la ciudad de Tarragona. Esta es su tercera visita a Cuba. (Flor de Paz)

viernes, 7 de enero de 2011

La universidad traza el camino de la sabiduría










Palabras del Dr. Eusebio Leal Spengler en el acto de conmemoración del 283 aniversario de la fundación de la Universidad de La Habana, en el Colegio Universitario San Gerónimo.

Decanos y miembros del claustro universitario, jóvenes compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria, alumnos y profesores del Colegio Universitario, venerables frailes de la Orden de Santo Domingo, queridas compañeras y compañeros:

En el día de hoy celebramos un aniversario de la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana. Fue una ardua tarea aquella que asumieron los Padres Predicadores para convencer a la Corona de la necesidad y urgencia de crear en la isla de Cuba una universidad propia, una institución académica permanente para la cultura, una institución capaz de crear en el país un fermento cultural y científico que marcase su destino futuro.
Aquel 5 de enero de 1728 fue finalmente establecida, con el pacto tácito de darle el nombre de San Gerónimo —no por el ilustre y grande hombre, heredero de Orígenes, sino para hallar conciliación con los intereses dispares de la mitra y la oposición presentada circunstancialmente por el obispo Gerónimo de Nosti y Valdés—, con el título de La Habana y con el carácter de Real y Pontificia a partir de las bulas expedidas por el pontificado, por el Papa reinante, para que esto fuese posible. Sus privilegios aparecen escritos en una lápida monumental con un peso de 8 toneladas que fue colocada en la fachada de este edificio en el momento en que la restauración se hizo una realidad.
Se buscaba entonces conciliar contenido y continente, de acuerdo con la expectativa planteada por las palabras del jefe de la Revolución, comandante Fidel Castro Ruz, que durante una memorable visita meditaba en qué hacer con este edificio surgido como un anacronismo en el corazón del Centro Histórico, proclamado ya Patrimonio de la Humanidad: no era posible demoler sin dejar un gran vacío en este espacio que se dañaría terriblemente con la evacuación de miles de toneladas de escombros, sin obtener ningún resultado positivo.
Quizás la metáfora de la crisálida y la mariposa fue lo más importante: considerar la reconstrucción virtual del espacio, sin mentir, sin aspirar a formas que ya no sería posible rescatar más que en la memoria, en los grabados y en los mapas y planos. Eran inútiles las excavaciones
arqueológicas, porque el edificio, sólidamente construido con un fin profano, había borrado todas las huellas del pasado. Solo quedaba un nicho con unas piedras, donde se levantaron, con la autorización del ministro de Educación en aquel momento, dos columnas conmemorativas sobre las cuales se colocó la campana de la universidad, la llamada “campana de grado”, que la orden de Santo Domingo había cedido al alto centro de estudios a partir de la gestión permanente, firme y persuasiva del historiador, doctor Delio Carrera, nuestro querido académico y maestro.
De esa manera surgió aquella torre provisoria y aquellas piedras que buscaban en el pasado el fundamento. Tal vez ellas nos repetían el principio de que ha de rastrearse el futuro a partir del pasado, y que solamente queda negado per se lo inútil, lo perecedero, lo que no tiene importancia, lo que se lleva el viento, la hojarasca, pero las virtudes, la grandeza, la fuerza moral, la incontrastable virtud de los fundadores debía ser resaltada. Por eso colocamos en la sala algunos símbolos necesarios para hacer esta meditación: el primero, en el atrio o paraninfo del aula magna, la Palas Atenea, originaria de la casa de altos estudios, y, al pie suyo, el búho, símbolo de la sabiduría; un búho de plata que fuese como un exvoto de nuestra fe en el futuro.
Recuerdo aquel día en que en una obra de construcción aún inacabada, en medio del polvo y de una borrasca repentina, el magnífico rector en aquel momento, compañero Juan Vela Valdés, nos entregó el mandato por el cual la universidad podía constituir una facultad en este sitio: el Colegio San Gerónimo de La Habana. Aquello había sido el fruto de un largo debate, porque era fácil crear una determinada disciplina de estudios, pero muy difícil constituir una carrera nueva, una carrera que surgía al calor de aquel mandato del jefe de la Revolución: que se estudiase en ella lo que no se hacía en ningún otro lugar, que se buscase formar en disciplinas superiores a quienes han de cuidar por hoy y para mañana los bienes del patrimonio cultural, mueble e inmueble, tangible e intangible, los bienes espirituales, los que flotan sobre la conciencia de la sociedad, los que tomamos en forma de cosas físicas o aquellos elementos inmateriales.
De esa manera surgió el colegio, y se cumplió entonces el misterio: rompiose la crisálida, insólita en este conjunto de bellezas; desapareció virtualmente la memoria de una terminal de helicópteros anacrónica en una sociedad en que primaba el analfabetismo y en donde era tan difícil para las grandes mayorías acceder a la educación superior, y surgió el colegio como contenido perfecto que fue reuniendo en él todo aquello que era de valor, primero en cosas y luego en la condición humana de los que, venciendo las pruebas necesarias, indispensables para ingresar en la academia, forman parte hoy del alumnado del colegio y lucen por primera vez en el día de hoy sus togas de estudio, que llevan bordado el escudo de la Universidad de La Habana, el escudo histórico en el que aparece San Gerónimo clamando por la sabiduría y la perfección, golpeándose el pecho con una piedra y a sus pies, sedente, un león sometido por el talento. Es el antecesor de los otros símbolos universitarios, ya no presididos por el escudo real, sino pertenecientes a una casa convertida primero en universidad literaria, laica por naturaleza, luego en universidad nacional, y finalmente en la gloriosa Universidad de La Habana, la más antigua, primum inter pares de las universidades cubanas actuales.
¿Qué pedimos a la universidad?, me preguntó un día un profesor de mucho mérito. Pedimos a ella la sabiduría, la plenitud del conocimiento. Ella ha de darnos un camino, ha de otorgarnos un derrotero, aunque no solucionará todos los problemas de la insaciable necesidad de saber del hombre, pues eso será el fruto del esfuerzo individual, del trabajo de todos los días. La universidad traza caminos y quizás en ella esté escrito el apotegma que el famoso científico y sabio mayor de las ciencias sociales trazó a sus discípulos: “el que quiera seguirme debe saber ir de lo general a lo particular y viceversa”.

“Parte del alumnado del colegio luce por primera vez en el día de hoy sus togas de estudio, que llevan bordado el escudo de la Universidad de La Habana, el escudo histórico en el que aparece San Gerónimo clamando por la sabiduría y la perfección, golpeándose el pecho con una piedra, y a sus pies, sedente, un león sometido por el talento”.

Esa búsqueda de la educación general e integral debe centrarse en la necesidad de saber, en la avidez de conocimiento, no solo para ocupar un espacio en la sociedad en el desempeño de una profesión, que es aspiración legítima, sino para poseer el elemento que verdaderamente libera al ser humano de cualquier esclavitud y cumplir la máxima aspiración de disfrutar la libertad suprema de cuerpo y de alma. Esa fue la respuesta: buscar en la universidad la sabiduría. No se ha de exigir para ingresar en ella otra cualidad —a una edad en que es propio estudiar y acogerse a los estudios superiores— que esa voluntad, y corresponde a la universidad, a sus instituciones políticas y académicas, a sus organizaciones estudiantiles, hacer lo que hicieron en todo tiempo en Cuba y en el mundo entero: forjar hombres y mujeres de virtud, como revolucionarios, porque todo joven lo es por naturaleza frente a sus padres, frente a la sociedad, frente al tiempo que le tocó vivir.
Sería equivocado invertir el principio y tratar de hallar, como en tiempos de la universidad confesional, una confesión para ingresar en ella. Lo más importante es la aspiración de ingresar, y luego, alcanzar la corona del saber. Dentro de la universidad tenemos el deber de enseñar virtud, rectitud, de guiar a los estudiantes por el pensamiento de los dos grandes maestros pedagogos que tienen asiento perenne en esta sala: José de la Luz y Caballero, el venerable, el padre de la educación cubana, el maestro de pedagogía, el doctor de doctores, y Enrique José Varona, el autor de la reforma, el que representa en sí mismo la evolución del pensamiento cubano, el que murió convertido en el adalid de la juventud de su patria, en el símbolo de la virtud que buscó en él Julio Antonio Mella, que buscaron en él aquellos que tuvieron el valor de seguir a quien Pablo Neruda llamó una vez el apolíneo de la juventud cubana, el discóbolo de la juventud cubana, el joven Mella, que fue algo más que el fundador de la FEU, fue un dirigente político. Fidel exclamó una vez que pocos hicieron tanto en tan poco tiempo, y es verdad. Ese fue su verdadero destino. A ese hermoso perfil, a esa hermosa figura, rinde culto permanente la juventud cubana. En el aula magna está encerrado el misterio de su vida, pues allí, junto al general del Ejército Libertador Eusebio Hernández y al profesor Rodríguez Lendián, defendió el cambio y la transformación de una academia caduca en una universidad moderna y atisbó un porvenir en que la juventud descendería por aquella escalinata, que en su tiempo era obra nueva, para convertirse en un símbolo de toda la América y del movimiento revolucionario mundial.
Serían los estudiantes en Cuba una parte de un proceso que hasta ese momento solo estaba reservado por los clásicos a la clase obrera y al campesinado. Ahora, además de los intelectuales, que serían el fruto de la educación, estaban los estudiantes, que en larga batalla descendieron en tantas ocasiones a librar sus querellas por la justicia social, por el cambio radical, por la transformación no solamente de Cuba, sino de América y del mundo. Por eso nos sentimos orgullosos de este campo universitario, por eso miramos con orgullo esa colina, que es para nosotros como el Ágora de Atenas, por eso conservamos ese paraninfo y lo tenemos como el lugar de honor desde el cual debemos partir, por eso todos nos sentimos abrazados por las manos extendidas del Alma Mater que Korbel esculpió para La Habana, y que levantado en su hermoso pedestal, es el símbolo de su abrazo perpetuo a todas las generaciones.
Nos acercamos ya al tercer centenario de la Universidad de La Habana. Es mucho tiempo, porque en breve, con la conmemoración por parte de la villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa de su quinto centenario, comienzan a cumplir cinco siglos de fundadas las distintas ciudades cubanas. No se trata de conmemorar que un grupo de conquistadores, al pie de un árbol o un río, fundaran una villa o un campamento militar sobre tierras indígenas. Se trata de conmemorar un acumulado de civilización, de batallas, de resistencias, de virtudes, de arquitectura, de arte, de pensamiento y de identidad. Si tomásemos una imagen de esta sala, veríamos cómo es ese pequeño universo que Bolívar representó y describió en Jamaica y en Angostura como un pequeño género humano. Así somos: están en nuestros rostros y en nuestros perfiles todos los acentos, todos los matices, todos los colores. Somos así: una diversidad en la unidad, y esa es precisamente la hermosura, el poder y la grandeza de este pequeño pueblo que se llama Cuba, el misterioso nombre que Cristóbal Colón escuchó en las aguas del Caribe, horas o días antes de llegar a la isla mayor de las que fueron llamadas Antillas. Fue inútil concederle otro nombre: Juana, Fernandina…. No, prevaleció el nombre breve, poético, importante y trascendental de Cuba, y gracias a eso nos sentimos cubanos y podemos asumir las hermosas palabras de José Martí: “¡Qué dulcísimo misterio tiene esa palabra: cubanos!”. (Dirección de Patrimonio Cultural. Fotos: Néstor Martí e Ilemis Roca))

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Hijos de romances inoportunos?


Investigaciones recientes avalan que Homo sapiens y Homo neanderthalensis se cruzaron y, por lo tanto, tuvieron descendencia. El descubrimiento suscita nuevas expectativas en los estudiosos de la evolución humana y revive los enigmas de la especie extinguida
Por Flor de Paz
La familia neandertal es moderna. Integra a más de cinco individuos y a menos de una docena. Allí donde se establece, sus miembros organizan el hogar, se protegen entre sí, dan calor a sus alimentos y resisten las bajas temperaturas.
Viven durante el pleistoceno medio y superior, entre 200 mil y 30 mil años antes del presente. Cultural y anatómicamente son muy parecidos a los sapiens. Disponen de un pensamiento simbólico; tienen un lenguaje articulado; desarrollan una tecnología compleja; usan el fuego; crean adornos personales y entierran a sus difuntos.
Altos y robustos, los machos miden un promedio de 1,70 metros y las hembras diez centímetros menos. Algunos son pelirrojos y de piel clara. Su capacidad craneal no tiene precedentes en la historia de la evolución humana. Habitan en cuevas o al aire libre; son caníbales, grandes cazadores-recolectores, super carnívoros e, incluso, ensayan formas para preservar la carne de los animales que cazan.
Por su comportamiento adelantado y la manera en que desaparecieron, alrededor de los neandertales han sido tejidas distintas polémicas.
Su coincidencia temporal y espacial con los humanos anatómicamente modernos o cromañones en el escenario pleistocénico euroasiático despierta suspicacia, y no son pocos los que creen que fueron estos los responsables de su extinción.
Pero, “no debe pensarse que los humanos modernos avanzaron de este a oeste como una apisonadora que extinguía a todos los neandertales a su paso. Durante miles de años unos y otros debieron de repartirse el mapa de Europa, formando un mosaico de poblaciones entremezcladas”, apuntan Juan Luis Arsuaga (codirector del Proyecto Atapuerca) e Ignacio Martínez en el libro La especie elegida.
Que neandertales y sapiens hayan tenido contacto es, sin dudas, el núcleo del asunto. Al respecto está sobre la mesa el posible entrecruzamiento de ambas especies, tema al que ha dirigido sus investigaciones un equipo del Instituto Max-Planck, de Antropología Evolutiva, de Leipzig, Alemania, cuyos resultados publicó recientemente la revista Science.
Tus genes en mí
Hallar material genético en fósiles es siempre una labor compleja, entre otras razones por su poca pervivencia en los restos óseos y por el cuidado que merece la conservación de esas riquezas prehistóricas.
Aun así, el equipo alemán encabezado por Svante Pääbo logró realizar el primer examen de ADN sobre huesos de tres individuos neandertales, los cuales comparó con genomas de cinco humanos actuales de África del Sur, África Occidental, Nueva Guinea, China y Francia.
Entre los resultados más importantes los científicos observaron la inexistencia de un aporte significativo de la especie extinguida al patrimonio genético del Homo sapiens.
“Fue moderada, cuando neandertales y sapiens se encontraron en el Medio Oriente, tras la salida de los humanos primitivos de África y antes de que se extendieran hacia Eurasia”, informa Science.
Esta mezcla entre ambas especies es vista por Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Atapuerca, como “cruces marginales y probablemente de algunos miles de ejemplares”, según lo escribe en su blog Sapiens del periódico El Mundo.
A la vez, el científico considera como el más interesante resultado del estudio genético el haber podido constatar una vez más que desde hace 80 mil años fueron los especímenes del Próximo Oriente* quienes colonizaron los territorios fuera de África.
Asimismo indica que si estas dos especies pudieron reproducirse fue porque tuvieron un antecesor común muy cercano.
Sin romper la baraja
Un punto de vista diferente acerca del estudio de Pääbo tiene José María Bermúdez de Castro, director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y también codirector del Proyecto Atapuerca.
Según opiniones del científico, recogidas en el blog La ciencia es la única noticia, del diario Público, él no es partidario de reescribir toda la historia de la evolución humana. Y dice:
“Los últimos análisis del ADN antiguo de los neandertales sugieren que estos homínidos se cruzaron en el Próximo Oriente con las poblaciones africanas de las que descendemos los humanos, y tuvieron descendencia fértil. De acuerdo con las estimaciones de diferentes estudios del ADN de los neandertales, el linaje de estos y el de los humanos recientes se separaron hace casi un millón de años”. (Ambas especies pertenecen a líneas evolutivas diferentes).
“Sin embargo, las dos poblaciones estaban todavía lo suficientemente próximas en términos filogenéticos como para poder hibridar y producir descendencia fértil. Aunque este fenómeno pudo ser puntual y suceder solo en una región donde coexistieron durante muchos milenios, deberíamos aceptar que neandertales y humanos modernos pertenecemos a la misma especie. Y esta conclusión nos llevaría a una situación embarazosa. La mayoría de las especies del género Homo están más próximas entre sí que los humanos modernos y los neandertales. De ese modo, aunque no podamos extraer ADN de esas especies, todas ellas quedarían bajo sospecha.
“Con sinceridad, no soy partidario de reescribir toda la historia de la evolución humana por culpa de romances inoportunos ocurridos hace entre cien mil y 50 mil años en el Próximo Oriente. Con ingenio y sin romper la baraja, los resultados del equipo de Svante Pääbo podrían ayudarnos a despejar muchas de las incógnitas que aún quedan por resolver”.
Hijos huérfanos
Otro dato reciente acerca de los neandertales fue obtenido mediante un estudio realizado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), de Burgos, y la Universidad de Granada.
Mediante el análisis de los dientes de casi todas las especies de homínidos que han existido en los últimos cuatro millones de años, los científicos concluyeron que no parece ser el Homo heidelbergensis el antecesor de los neanderthalensis, según se creía.
“De todas las especies de homínidos que se conocen actualmente, ninguna tiene probabilidades superiores al cinco por ciento de ser la predecesora a los neandertales y al Homo sapiens, por lo que es probable que el último ancestro común de estos dos linajes no se haya encontrado todavía”, advirtió Aida Gómez Robles, autora de la investigación española.
Eudald Carbonell, quien ha dirigido durante 30 años las excavaciones del yacimiento barcelonés de neandertales Abric Romaní, reflexiona: “Desaparecieron en Gibraltar hace 24 mil años, quedan arrinconados allí y se extinguen cuando el sapiens ya ha penetrado por toda Europa. “Este hecho indica cómo se resistieron a la desaparición”. ¿Causas? “Seguramente la desestructuración de sus redes”.
Tal es la dinámica de la ciencia, unas y otras hipótesis entran al ruedo de los conocimientos. Nuevos hallazgos desdicen o confirman descubrimientos anteriores; la base empírica en la cual descansa la ciencia siempre es renovable.
Los neanderthalensis, uno de nuestros parientes más cercanos, son objeto continuo de esta dimensión investigativa, por la constatada presencia de sus restos en toda Europa.

*Se refiere al Medio Oriente.

Sin detener el corazón




El desarrollo de la cirugía cardiovascular en Cuba cosecha frutos significativos. Numerosas instituciones asistenciales del país cuentan con este servicio y la aplicación de procederes conocidos y novedosos acumula una apreciable experiencia en este campo médico. Una muestra de esa evolución es la Sustitución valvular con el corazón latiendo, nueva técnica que se aplica con éxito.


Por Flor de Paz

Una singular técnica operatoria encaminada a la sustitución de las válvulas cardíacas aórtica y mitral por una prótesis mecánica, sin necesidad de parar el corazón para realizarla, se desarrolla desde hace varios años en el Cardiocentro del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.
La llamada Sustitución Valvular con el Corazón Latiendo se ha convertido en una práctica habitual dentro de la mencionada institución asistencial y es utilizada para la renovación funcional de estructuras valvulares cardíacas en pacientes que padecen de disfunción ventricular severa, (disminución de la fuerza de contracción) que implica un alto riesgo para la supervivencia.
Aún ante la presencia de diferentes grados de daño cardíaco, la cirugía ha resultado exitosa en la gran mayoría de los pacientes operados con este procedimiento. A estas personas solo les quedaba como única alternativa la de recibir un tratamiento farmacológico mientras esperaran la evolución natural de su enfermedad, y en algunos pacientes que tuvieran indicación médica, un trasplante de corazón, con una precaria calidad de vida que no superaría unos pocos años de existencia.
El proceder se basa en el uso paralelo de la máquina de circulación extracorpórea (sustituye la función cardíaca y respiratoria) durante la operación y en un determinado aporte de sangre oxigenada a temperatura normal como alimentación sanguínea al músculo cardíaco con el fin de que este no detenga su movimiento contráctil, explica el Profesor Luis A. Guevara González, especialista de Segundo Grado en Cirugía Cardiovascular y creador de esta técnica en nuestro país, quien por primera vez realizó esta intervención a un joven paciente con alto riesgo de mortalidad.
"Aquel primer caso, un muchacho de 31 años, decidimos operarlo por consenso del equipo médico de nuestro Cardiocentro y la aprobación del paciente y sus familiares. Salió muy bien de la intervención; en estos momentos hace una vida normal y su corazón ha recobrado la fuerza de contracción, aunque lógicamente se le mantiene un chequeo periódico y un tratamiento medicamentoso que disminuirá con el tiempo".
Según el experto, la idea surgió a partir de una operación anterior "a corazón latiendo" que él ejecutó junto a otro profesor, para el tratamiento de un padecimiento cardíaco diferente.
La aórtica y la mitral entre las más afectadas
Dentro del gran grupo de enfermedades cardiovasculares se encuentran las afecciones de las válvulas cardíacas. Ellas (tricúspide, pulmonar, mitral y aórtica) pueden sufrir estados infecciosos, inflamatorios, degenerativos o congénitos que les causan deterioro o alteraciones estructurales y funcionales.
La válvula aórtica es una de las que con mayor frecuencia resulta dañada. Su función es permitir la salida de la sangre oxigenada del ventrículo izquierdo hacia la arteria aorta para llevarla a todo el organismo, y cualquier defecto en su continua labor crea considerables trastornos. La válvula mitral regula el paso de la sangre oxigenada desde aurícula izquierda al ventrículo izquierdo proveniente del pulmón.
"Estas válvulas puede desarrollar una estenosis (estrechamiento de su área de salida, debido al desarrollo de fibrosis y calcificación en su estructura) o una insuficiencia (impide un buen cierre de la válvula y permite un retroceso de la sangre)", explica el Profesor Guevara González.
Ambas patologías provocan un significativo deterioro de la función del músculo cardíaco, que llega a perder su fuerza impulsora. El paciente empieza a manifestar los signos y síntomas de estas enfermedades valvulares como son mareos, dolores anginosos, falta de aire ante los esfuerzos, tos, pérdida del conocimiento, arritmias, etc. con gran riesgo de sufrir una muerte súbita.
"A veces el enfermo subvalora esos síntomas o recibe una orientación inadecuada y cuando llega al Servicio de Cirugía Cardiovascular ya no puede ser operado, o es extremadamente riesgoso hacerlo, debido al nivel a que ha disminuido la fuerza con que su corazón se contrae para impulsar la sangre; o sea, sufre de una disfunción severa del ventrículo izquierdo.
"Es en estos casos en los que hemos aplicado la técnica del Corazón latiendo para hacer la sustitución de las válvula aórtica y mitral. Esta técnica constituye una opción real, pues de otro modo, operar, implicaría un altísimo riesgo de muerte trans-operatoria al detener el corazón durante la intervención quirúrgica, como hacemos habitualmente".
Contra la corriente
Durante el procedimiento operatorio el paciente es conectado a la máquina de circulación extracorpórea, a la vez se impide que la sangre oxigenada siga el curso normal en su recorrido desde la aorta, a través de los ostium (orificios) coronarios hasta el músculo cardiaco. La sangre oxigenada, a temperatura normal, es administrada con el auxilio de una sonda de perfusión, en sentido contrario, por el seno coronario (estructura anatómica para la salida de sangre no oxigenada). De tal modo, esta sale por donde debiera entrar.
"El objetivo es mantener el movimiento cardíaco y a la vez detener el aporte sanguíneo al corazón por la arteria aorta para poder abrirla, observar la válvula dañada, resecarla e implantar la prótesis con la técnica habitual. Al finalizar este procedimiento, la arteria se sutura y vuelve a recibir normalmente sangre y el corazón no se detuvo en ningún momento", concluye el Doctor Luis Guevara González.







El eminente investigador cubano Carlos Juan Finlay, nacido el 3 de diciembre de 1833 en la ciudad de Camagüey, reveló al mundo una nueva forma de trasmisión de las enfermedades




Por Flor de Paz

El doctor Carlos Juan Finlay Barrés es uno de los hombres que mayor servicio ha prestado a la humanidad. Con su brillante descubrimiento y la aplicación de sus principios epidemiológicos pudo ser erradicada en todo el mundo la mortífera fiebre amarilla urbana. Pero su obra científica es aún más trascendente.
Como creador de la teoría del vector biológico o el hallazgo de una nueva vía de trasmisión de las enfermedades, universalmente denominada doctrina finlaista, hizo posible despejar el sendero por donde transitan todas las patologías que requieren de "un agente, completamente independiente de la enfermedad y del paciente, para trasladar el mal de un afectado a un sano", tal como lo reveló por primer vez el propio Finlay en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington.
Contaba el sabio en ese momento con 48 años de edad, y había dedicado ya más de dos décadas de su vida al estudio de la fiebre amarilla, desde su graduación en los Estados Unidos, en 1855.
Sin descanso, el científico se consagró al conocimiento de ciencias que le permitirían adentrarse en el fenómeno biológico de la fiebre amarilla. Se autopreparó en ramas del saber como la climatología y la entomología; estudió la entidad desde el punto de vista clínico, bacteriológico, anatomo-patológico y epidemiológico y halló los caminos que lo llevarían a la solución de dos grandes problemas presentes en la medicina de la época: el de concebir una nueva forma de trasmisión de las enfermedades y el de encontrar la manera de demostrarlo.
"Describe en detalle las partes del insecto, sus funciones, y apunta observaciones originales de alto valor... Nos da su historia y distribución geográfica y, ante todo dato que aporta, hace el razonamiento oportuno que lo lleva a su demostración final", escribe Cesar Rodríguez Expósito en la más conocida biografía de Finlay.
Así trabajó el sabio durante su larga existencia, que sobrepasó los ochenta años. La energía vital y talento inherentes a su personalidad no quedaron extinguidos ante el logro de la meta científica: durante una parte importante del final de su vida Finlay se dedicó a la organización de la sanidad pública en Cuba. Sobre la genialidad del incansable investigador y acerca de esta última etapa de su desempeño narra otro de sus historiadores:
"La laboriosidad del Dr. Finlay es pasmosa. En medio del trabajo constante de su profesión y de la producción frecuente de escritos sobre asuntos de Patología y de Terapéutica, en los que se adelanta generalmente a sus compatriotas, como puede verse en sus trabajos sobre la filaria y el cólera, encuentra tiempo por ejemplo, para descifrar un antiguo manuscrito en latín, haciendo acopio de datos en fuentes históricas, heráldicas y filológicas para comprobar que la Biblia en que aparece el escrito hubo de pertenecer al Emperador Carlos V en su retiro de Yuste, o trabaja en la resolución de problemas de ajedrez, de altas matemáticas o de filología; o elabora complicadas y originales teorías sobre el Cosmos en las que figuran hipótesis atrevidas sobre las propiedades de las substancias coloideas y el movimiento en espiral. Más recientemente, en medio de la labor mecánica y cansada de una gran oficina del Estado, y cumplidos ya los setenta años, se familiariza, hasta conocer a fondo toda la doctrina de la inmunidad y las teorías de Metchnikoff, Ehrlich, Muchner, presentando su propia concepción del intrincado problema".
La fiebre amarilla y el Aedes aegypti
Finlay había visto con claridad que el fenómeno de la trasmisión de esta enfermedad requería de la presencia de tres factores: una persona susceptible, un enfermo en el período en el que el virus circula en la sangre y un elemento biológico que llevara el microorganismo del enfermo al sano, después de haber hecho un recorrido en el cuerpo del vector.
Eso no lo había dicho nadie antes. Su hallazgo no se reduce a la identificación de un mosquito que pica y enferma, sino a la revelación de una teoría. El científico parte de los mencionados principios y estudia 600 variedades de mosquitos para llegar a conocer cuál era el trasmisor urbano de la difundida fiebre amarilla y es así como arriba a la conclusión de que solo la hembra del Aedes aegypti era capaz de explicar toda la historia natural de la enfermedad.
Otra de las genialidades de Finlay es haberse dado cuenta de que cuando el mosquito pica extrae un elemento vivo, aunque todavía en ese momento desconocía si se trataba de una bacteria, un protozuario o un virus.
También advirtió que si una persona es picada a los cuatro días de que el insecto chupó sangre enferma, la fiebre amarilla se presenta en una forma leve, pero que si pasa más tiempo la forma es grave, porque va adquiriendo más virulencia.
Finlay, para llegar a su hallazgo, utilizó el método investigativo de ensayo y error, evaluando todas las ideas e hipótesis de su tiempo. Esta elaboración, puramente intelectual, consistió en soslayar el desconocimiento que se tenía del origen o causa de la fiebre amarilla y enlazar los conceptos contagionista y anticontagionista y de enfermo infeccioso y sano susceptible, con la vieja observación de la presencia de insectos durante las epidemias de fiebre amarilla.
Fue un largo proceso que tuvo uno de sus momentos cumbre cuando Finlay hace la exposición completa de su teoría ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en agosto de 1881, mediante el conocido trabajo científico El mosquito hipotéticamente considerado como agente trasmisor de la fiebre amarilla. Allí el investigador muestra una doctrina, con evidencias prácticas implícitas en un grupo de 51 inoculaciones experimentales, perfectamente estudiadas y protocolizadas. Pero aún tendrían que transcurrir otros veinte años para que la confirmación y puesta en práctica de sus principios epidemiológicos hicieran posible la eliminación de la fiebre amarilla en Cuba.
La mortalidad por esta enfermedad fue llevada a cero en el transcurso de los dos años siguientes al 1902 con la erradicación del Aedes aegypti. En 1905, reapareció con 22 defunciones, "pero esta vez la salud pública cubana, bajo la dirección del doctor Finlay, la eliminó definitivamente del país a partir de 1908".*
La cimiente es sembrada por Finlay
Este hombre de ciencias, que en los inicios del siglo XX contaba con alrededor de 70 años de edad, no sólo pudo ver realizado el objetivo al que había dedicado la mayor parte de su existencia, sino que fue denominado en mayo de 1902 como jefe nacional de Sanidad y del Departamento de Sanidad Municipal de La Habana, cargos que desempeñó hasta 1909.
Como auténtico conocedor de las grandes vulnerabilidades a que se exponía la vida y la salud de sus contemporáneos, una de las primeras decisiones que toma es la de cambiar el nombre de la Comisión de Fiebre Amarilla, que él presidía hasta ese momento, por el de Enfermedades Infecciosas, para ampliar así sus funciones al estudio de otras afecciones trasmisibles. Al frente del grupo nombra al doctor Juan Guiteras.
Del mismo modo tomó enérgicas medidas contra la tuberculosis, la fiebre tifoidea puerperal, el paludismo, escarlatina, lepra y cólera. En ese contexto también fue fundado el Dispensario Furbuch y se inició la obra del sanatorio La Esperanza.
Finlay creó las bases de la escuela cubana de higienistas de principios de siglo, que consiguió el alto logro de que posteriormente se elevara a categoría ministerial la organización de salud pública en Cuba.

domingo, 10 de octubre de 2010

Descubren en Atapuerca restos fósiles de un anciano discapacitado


La Pelvis 1 de la Sima de los Huesos (en amarillo) es la pelvis humana más completa de todo el registro fósil mundial. Su gran tamaño comparado con la pelvis de un hombre actual (en verde), nos da una idea de la corpulencia que tenía este antepasado de los neandertales.



Por Flor de Paz. Imágenes: EIA (Equipo de Investigación de Atapuerca)

Hace más de medio millón de años vivió en Atapuerca un anciano que sufrió cierto grado de minusvalía locomotriz, causada por importantes enfermedades degenerativas que le aquejaron mucho tiempo antes de morir, con más de 45 años de edad.
A esta conclusión llegó un grupo de paleontólogos del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), que estudió un esqueleto fósil parcial de un corpulento varón, antepasado de los neandertales, publica hoy on line la revista científica PNAS.
Una nota de la Fundación Atapuerca añade que el equipo científico* recuperó los restos fósiles de este individuo durante cinco intensas campañas de excavación en la Sima de los Huesos (pequeña cavidad situada a más de 30 metros de profundidad en el interior de la Sierra). “Desde entonces, el trabajo en el laboratorio ha permitido reconstruir y asociar a esta pelvis su columna lumbar”.
El texto revela asimismo que este anciano discapacitado, antepasado de los neandertales, tuvo que haber necesitado de una atención especial para poder sobrevivir, pues las enfermedades que padecía “tuvieron seguramente manifestaciones posturales y dolorosas en las zonas lumbar y pélvica que le obligarían a adoptar una posición encorvada y, quizás, a usar un báculo para mantenerse erguido. Por ello, este individuo probablemente estaría impedido para cazar, entre otras actividades.
Pero la investigación científica no se restringió solo a este individuo patológico. “El equipo ha encontrado también en la Sima de los Huesos los restos de otras personas que no tenían deformidades en la columna vertebral ni en la pelvis. Gracias a ellos, los científicos han descubierto que esta población, al igual que los neandertales, poseía una columna vertebral con curvaturas menos marcadas que las que recorren nuestras espaldas. Es más, la forma característica de sus vértebras y su pelvis demuestra que sus cuerpos estaban diseñados, como los nuestros, para minimizar el gasto de energía necesario para mantenerse perfectamente erguidos”.











En las entrañas de la Sierra de Atapuerca, han sido halladas la pelvis y la región lumbar de un anciano que vivió hace medio millón de años.

Otra hipótesis a la que arribaron los científicos al estudiar estos fósiles de la Sima de los Huesos apunta a que las mujeres de este grupo homínido “debieron sufrir alumbramientos difíciles, tal como ocurre con las Homo sapiens.
Para arribar a esta conclusión, “los científicos compararon el conducto pélvico del anciano de la Sima de los Huesos, con el de otras pelvis humanas fósiles de sexo femenino encontradas en otros yacimientos del mundo. Los resultados publicados señalan que las diferencias entre los sexos de los individuos fósiles se asemejan a aquellas encontradas entre los hombres y las mujeres actuales.
“En nuestra especie, la pelvis presenta un diseño adaptado a una postura erguida y una locomoción bípeda. Tales adaptaciones ´compiten´ en las mujeres con la necesidad de dar a luz. Estas circunstancias, junto con el elevado tamaño encefálico de los recién nacidos, convierten el parto en un proceso complicado en nuestra especie. En consecuencia, la forma del conducto pélvico de las mujeres presenta modificaciones que habilitan el paso del feto a término en el momento del alumbramiento”.

* Los autores de este estudio pertenecen a las siguientes instituciones: Centro mixto Universidad Complutense de Madrid-Instituto de Salud Carlos III de evolución y comportamiento humanos, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Cambridge, la Universidad de Burgos, la Universidad de Alcalá de Henares, el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social y el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana.

sábado, 28 de agosto de 2010

Genialidad silenciosa



Casi nueve años han transcurrido desde la desaparición física de Manuel Rivero de la Calle, entre los más eminentes científicos de la ciencia contemporánea cubana. Sus aportes a la antropología y paleontología tienen alcance universal





Por Flor de Paz
El rostro afable, como detenido en la perdurabilidad del tiempo, revela aún esa mezcla de sencillez y tenacidad que caracterizaron al Doctor en Ciencias Naturales Manuel Fermín Rivero de la Calle, considerado el más íntegro antropólogo cubano, al haber sido capaz de abarcar, desde su persistente labor investigativa, diversos campos de esta ciencia.
Entre los más sobresalientes de América Latina y del mundo por el significado que para la humanidad tienen sus descubrimientos, este hombre de ciencias tuvo la capacidad de trabajar indistintamente la antropología del ser vivo y la del esqueleto, combinación poco frecuente entre especialistas consagrados a esta disciplina.
Así, durante toda su existencia, no puso límites dentro del ámbito de sus investigaciones continuas e inagotables. El antropólogo que era, casi por naturaleza propia, no bastaba a la insaciable búsqueda de conocimientos del experto, motivo que le hizo incursionar profundamente en la Paleontología y en la Arqueología. Así, fue capaz de acometer trabajos tan disímiles como la caracterización de la población cubana prehispánica y contemporánea; el descubrimiento cinco especies fósiles que se distinguen científicamente avaladas por su nombre -incluida una nueva de primates de las Antillas aparecida en Cuba- y el hallazgo de pictografías en cuevas de la Isla.
Como complemento indisoluble de su quehacer, esta intensa labor científica del doctor Rivero de la Calle siempre estuvo acompañada por la docencia. La vocación de enseñar le era innata y practicaba el magisterio no solo en las aulas, sino en cualquier momento y a quien lo solicitara.
Uno de sus más fieles discípulos, amigo y colega, el doctor en Ciencias Biológicas Antonio J. Martínez, actual director del Museo Antropológico Montané, evoca las virtudes de "uno de los escultores de su alma y de su trayectoria".
Testigo y heredero excepcional de la valía científica del prestigioso intelectual, el doctor Martínez considera como una de sus más altas responsabilidades saber aprovechar y aplicar de la manera más eficiente posible los conocimientos que adquirió al lado del doctor Rivero, así como ser capaz de trasmitirlos con la misma vehemencia que él lo hizo.
La población indígena cubana
Llegar a describir las particularidades físicas de la población prehispánica cubana es uno de los más importantes aportes del doctor Rivero.
Martínez refiere cómo un estudio completo de material óseo extraído de enterramientos pertenecientes a los grupos preagroalfareros (siboneyes) y a agroalfareros (taínos), le permitió llegar a esos resultados y a realizar, años después, una comparación morfológica entre la población indígena de nuestro país y las que habitaron en el resto de las Antillas.
"Posteriormente, el reconocido científico practicó similares estudios en restos óseos de la población cubana de principios y mediados del siglo XX.
"En ambos grupos indagó además sobre las patologías que con mayor frecuencia padecieron esos individuos. Asimismo, hizo diferenciaciones de acuerdo a particularidades genéticas y condiciones ambientales en que se desarrollaron, análisis que constituye una contribución indispensable a las actuales investigaciones que se realizan en el Museo Montané acerca del Genoma Humano y las llamadas razas.
Los resultados que suelen obtenerse de esas fuentes permiten contar con determinadas referencias del desarrollo físico del grupo analizado, de modo que el doctor Rivero marcó pautas de imprescindible consulta, a partir de las muestras de poblaciones cubanas investigadas. "O sea, que su obra no solamente trasciende a lo más clásico de la antropología, sino que llega a lo que llamamos la antropología molecular".
Igualmente, en el ámbito del trabajo osteológico, el renombrado experto -a través de sus tareas de identificación humana- hizo una notable contribución a la antropología forense, labor que fue reconocida en reiteradas ocasiones por el Instituto de Medicina Legal y por el Laboratorio Central de Criminalística.
Sin embargo, el individuo vivo no quedó fuera de la abarcadora sapiencia de este científico, y su Estudio preliminar del desarrollo físico de los niños preescolares de Ciudad de La Habana es uno de los primeros trabajos que se hicieron en Cuba sobre el tema en el último medio siglo, de manera que este también constituye un prominente punto de referencia para los investigadores.
Rescatar la historia
Las actas de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, fundada a finales del siglo XIX, un documento de obligada consulta para todos los interesados en esta ciencia, fue rescatado y publicado por el doctor Rivero de la Calle.
"Realizó búsquedas sobre los orígenes de la antropología en el país. Estudió la vida y la obra de Luis Montané, de Felipe Poey y de especialistas extranjeros que trabajaron en este campo durante la época colonial cubana.
Según el entrevistado, Rivero de la Calle fue también un avezado indagador de la historia de Cuba, además de contar con una gran formación cultural. "Era un científico con el que podía hablarse de artes plásticas, literatura, música y, sobre todo, de la obra de José Martí, el apóstol, que era una de sus devociones".
Descendientes y arte rupestre
Aunque hasta mediados del pasado siglo se pensó que en Cuba no existían descendientes de nuestros indígenas, en determinado momento se demostró lo contrario y a finales de la década del 60 el doctor Rivero aborda un estudio sobre un reducido grupo poblacional, descendiente de la raza indoamericana, todavía presente en el municipio oriental de Yateras.
Una intensa labor de visita y exploración de cuevas realizó el doctor Rivero desde que en 1949 se vinculó al doctor Antonio Núñez Jiménez y a la Sociedad Espeleológica de Cuba. Hizo descubrimientos muy significativos para la arqueología cubana. En 1961, por ejemplo, reportó nuevas pictografías (dibujos en las cuevas) en cavernas como la de Ambrosio y Farallón de Puerto Francés, ubicadas en Varadero. Estableció así una estrecha relación entre la arqueología y la antropología física, pues en el mismo escenario en que hallaba los restos óseos indígenas, descubrió las pictografías, conjunto que brinda una información más completa acerca de la vida de nuestros hombres prehispánicos.

Atapuerca, una vez más




Partes del cráneo recuperado durante la campaña del 2010 en la Sima de los Huesos. Foto: Javier Trueba / Madrid Scientific Films




Por Flor de Paz
Otra vez, como cada verano desde hace más de treinta años, la Sierra de Atapuerca volvió a ser escenario de una campaña de excavaciones.
En este verano, el hallazgo de dos piezas de industria lítica y de huesos con marcas de corte en sedimentos que posiblemente superan los 1,2 millones de años, indican más antigua presencia humana en la Sierra que la conocida hasta el momento.
Dejar al descubierto la morfología original de Galería, otra de las cuevas del yacimiento, previa a su ocupación homínida, está entre las más importantes labores que los científicos realizaron allí en la campaña del 2010.
En la Gran Dolina, los arqueólogos que trabajaron en el nivel seis de ese yacimiento descubrieron que en determinado momento funcionó allí una guarida de grandes carnívoros. Restos de hienas, de sus presas y coprolitos, así como de de osos que utilizaban la cavidad para hibernar, fueron recuperados.
El nivel 10 de este mismo yacimiento, fuente de un riquísimo registro fósil que ha brindado más de 51 mil restos faunísticos y 9 mil 700 herramientas de piedra desde que comenzó a cavarse en el 2004, aportó durante la recién concluida campaña numerosos restos de bisontes y herramientas de silex, prueba de que en el área investigada existió un tipo de ocupación extremadamente especializada y totalmente desconocida hasta el presente en los yacimientos de Atapuerca.
Homo heidelbergensis, el habitante de la Sierra en esa época (350 mil años antes del presente), dejó en Gran Dolina huellas de la complejidad tecnológica de sus estrategias subsistenciales.


Nuevos resultados en la campaña arqueológica del 2010 en los yacimientos arqueo paleontológicos de Atapuerca confirman la valía de la labor científica que allí se realiza desde hace tres décadas. Foto: Jordi Mestre, EIA.

En el transcurso de las jornadas arqueológicas de este año en la Sima de los Huesos fue completada la extracción de cráneo de medio millón de años de edad. Puede tratarse del segundo más íntegro de los hallados en este yacimiento, después del famoso “Miguelón”, que se exhibe en el Museo de la Evolución Humana de Burgos.
Tan brevísimo recuento de los hitos alcanzados en Atapuerca es suficiente para comprender las motivaciones que hacen acudir cada año en la sierra burgalesa a científicos españoles y de otros países.

sábado, 17 de julio de 2010

Nuevo Museo de la Evolución Humana


La instalación, de 15 mil metros cuadrados, expone fósiles originales procedentes de los yacimientos de Atapuerca y “reconstruye” en su interior la historia humana



Por Flor de Paz
Cuatro plantas de exposición permanente, con más de seis mil metros cuadrados cada una, componen al Museo de la Evolución Humana (MEH), inaugurado esta semana en la ciudad española de Burgos.
Erigido junto a la ribera del Arlanzón, río de vasta antigüedad que atraviesa la urbe castellana, el MEH abriga un total de 200 fósiles originales procedentes de los yacimientos de Atapuerca. Mediante diferentes recursos museológicos, expone asimismo elementos relacionados con la Teoría de la Evolución de Darwin, los trabajos sobre el cerebro del Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal y una Galería con reproducciones de homínidos.
Los conocidos yacimientos burgaleses están representados en toda la extensión de una de las plantas del Museo, a través de bloques que simulan las excavaciones en esta zona. Al mismo tiempo, audiovisuales recrean los hallazgos más importantes ocurridos en treinta años de labor arqueológica en la conocida montaña, algunos de ellos presentes en la exposición.
Entre otras muestras sobresalientes del MEH están una reproducción del Beagle, el buque británico en el que Charles Darwin realizó el viaje que inspiró su descubrimiento; la representación del arte rupestre y una sala de fuego que abre paso a otra área donde se habla de socialización y de la tecnología utilizada por nuestros antepasados.
El proyecto del Museo de la Evolución Humana de Burgos está basado en la misma filosofía que la réplica de las cuevas de Altamira, según ha dicho el arquitecto de ambas obras Juan Navarro Baldeweg.
En el de Altamira el conocido especialista relacionó la arquitectura con la geología del terreno y en el de la Evolución Humana, con el paisaje de la Sierra de Atapuerca. En este sentido, señaló que las piezas centrales del museo burgalés reproducen las trincheras de Atapuerca. Además –dijo-, el exterior del edificio establece una relación con el río Arlanzón que es el elemento conductor del rosario de jardines de la ciudad y que llega hasta el yacimiento.
Según José María Bermúdez de Castro, uno de los tres co-directores del proyecto Atapuerca, “hay muchos museos en Europa, en Euroasia y algunos en África que dedican espacio a la evolución humana, pero la verdad, tal y como se ha aprovechado esto, con esta dimensión, no se había hecho nunca.
"Es una inversión impresionante y un volumen impresionante de espacio, de información de datos, es único. Lo que hay que hacer ahora es mantenerlo vivo, que no sea flor de un día, sino continuar trabajando durante años y años", añadió.
“En el MEH se puede contemplar la evolución de los homínidos desde hace 1,5 millones de años. Al mismo tiempo, se puede comprender la teoría de la evolución de Darwin, se pueden observar todas las especies del género Homo, conocer la evolución del cerebro humano y entender la cultura humana, a nivel diacrónico, así como adentrarnos en los ecosistemas que han formado parte del gran proyecto de nuestra especie”, explicó Eudald Carbonell, también codirector del Proyecto Sierra de Atapuerca.
El Complejo de la Evolución Humana, en el que se enmarca el nuevo Museo, comprende un sistema en el que se integran por primera vez los yacimientos, las investigaciones, los centros de recepción e información de visitantes y los centros de conocimiento y divulgación, una red de recursos y actividades en torno a Atapuerca en el que todos y cada uno de sus elementos juegan un papel importante e interconectado.

lunes, 5 de julio de 2010

Un giro de tuerca







La inteligencia, legado de las innumerables especies homínidas que nos precedieron, es nuestra más fabulosa herramienta y conquista: la tecnología magnifica capacidades, no las sustituye. (Imagen: Hombre mecánico, de Liliana Lima de Lázaro)

Por Flor de Paz

Somos seres tecnológicos. La capacidad para fabricar herramientas fue una de las principales adquisiciones en pos de alcanzar nuestra condición humana durante el proceso evolutivo.
Dos millones de años después de que los homínidos más antiguos fabricaran los primeros artefactos de piedra, el universo tecnológico creado por el Homo sapiens multiplica exponencialmente sus capacidades y ejerce una influencia determinante sobre mecanismos originarios de la vida.
Una nueva selección, la técnica o cultural, coexiste con aquella basada en la sobrevivencia y reproducción de los individuos más aptos. Y el acceso a los adelantos científicos (algo así como el fuego en el paleolítico), determinan, en buena medida, la prolongación de la existencia entre los menos favorecidos por sus genes.
El desarrollo de incontables equipos médicos destinados al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, así como la acelerada diversificación de la industria farmacéutica, y de los conocimientos científicos en general, proporcionan a la humanidad herramientas capaces de transformar la naturaleza y de superar impensables escollos biológicos.
Pero, ¿cuándo el facultativo y sus prácticas clínicas deben de predominar sobre el uso (y abuso) de la tecnología per se? Y, ¿cuándo el tino no debe ser desechado en pro de un diagnóstico eficaz?
En cualquier caso, la responsabilidad nunca será suplantada por códigos o artefactos, a la postre frutos de la intervención humana. Ni la máquina más sofisticada sería capaz de sustituir al examen clínico o al diagnóstico presuntivo de un especialista, sobre todo si media la experiencia.
La inteligencia, legado de las innumerables especies homínidas que nos precedieron, es nuestra más fabulosa herramienta y conquista: la tecnología magnifica capacidades, no las sustituye.
Con todo, seguimos siendo vulnerables, aun cuando el desarrollo tecnológico se acerque cada vez más al universo de la ficción.
El sabernos portadores de un infinito conocimiento acumulado no debe alentar al uso inconsecuente de las herramientas creadas por nuestra especie, en aras, precisamente, del mejoramiento de la vida.
Agravia la evolución tecnológica el facultativo que falsea la valía de un fármaco. O aquel que por pereza o desidia acorta la duración de un tratamiento u oculta los probables caminos de una cura. Más que agravio es una estocada a la ética.
Solo la aspiración a una sociedad de pensamiento científico, basada en la lógica y la demostración, hará posible avanzar en el camino humano. Evolución tecnológica significa convertirnos en mejores usuarios, incluso, de nuestra propia inteligencia. Las máquinas resultan formidables, siempre y cuando usemos el cerebro. (Publicado en la revista Juventud Técnica, mayo-junio de 2010).

domingo, 20 de junio de 2010

De vuelta a la colina mágica

El complejo pleistocénico Sierra de Atapuerca es reconocido universalmente por sus aportes al estudio de la evolución humana. Entre sus más importantes resultados están el haber demostrado que Europa occidental fue poblada más temprano de lo que se pensaba hasta hace muy poco y una significativa contribución de restos fósiles de dos especies homínidas al registro mundial

Por Flor de Paz

Otra vez, como cada verano desde hace más de treinta años, la Sierra de Atapuerca vuelve a ser escenario de una campaña de excavaciones. Apenas se anuncia su inicio y la jornada del año en la colina burgalesa alienta expectativas en el universo mediático y científico.
Numerosa es la colecta de evidencias arqueológicas que en poco más de un mes reúnen allí los científicos. La Sierra ha demostrado contener en sus entrañas tal riqueza en restos que aún cuando no tenga lugar un descubrimiento sobresaliente el Equipo de Investigaciones de Atapuerca (EIA) lleva a sus laboratorios cada año una impresionante cantidad de material para el estudio.


La Trinchera del Ferrocarril vista desde Gran Dolina.

Apasionante y afanoso es el momento del trabajo de campo. Investigadores procedentes de diferentes instituciones se reúnen en Atapuerca y se entregan a la minuciosa búsqueda, como quienes realizan el siguiente capítulo de una serie de tres décadas.
La Trinchera del Ferrocarril abre sus puertas y los arqueólogos se internan en ella con expectativa de visitante que llega al impresionante complejo. El primer yacimiento que encuentran a su derecha es la Sima del Elefante. Este es el más antiguo de Atapuerca, donde dos años atrás se materializó el importante hallazgo de una mandíbula humana que supera el millón de años.


Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro, codirectores del Proyecto Atapuerca, observan la mandíbula humana de 1,2 millones de años hallada en la campaña del 2007 en la Sima del Elefante, Sierra de Atapuerca. Foto: Jordi Mestre (EIA)

El camino forjado de la Trinchera atraviesa la colina y sirve de plataforma a grandes andamios metálicos que se elevan desde la base hasta la cima de la cota. Desde ellos puede accederse de forma lateral a los niveles estratigráficos de los yacimientos.
Este trillo arcilloso suele estar húmedo y las huellas de los caminantes quedan impresas en el suelo. Las pisadas despiertan la imaginación y dejan fantasear. ¿Cómo conseguirían sobrevivir los homínidos del pleistoceno que andaban desnudos por la Sierra? La sola evocación de la existencia de seres que vivieron sometidos a un clima tan severo, sin nuestras posibilidades de abrigo y calor, hace estremecer la piel de cualquier humano moderno.
Otro refugio prehistórico sigue a la Sima del Elefante: Galería. El yacimiento fue una cueva que tuvo forma de media (o calcetín) y hace 500 mil años sirvió como una especie de suministradora de alimentos o “supermercado” al Homo heidelbergensis, que habitaba este ecosistema. Los homínidos acudían a Galería para obtener la carne de los animales que caían a la cueva por una abertura superior que tenía esta cavidad. Entraban y salían por una oquedad ubicada en su extremo inferior, y una vez obtenido el alimento, abandonaban el lugar dejando abandonadas las herramientas de piedra que utilizaban para descuartizar a sus víctimas. A esas conclusiones han podido llegar los investigadores luego de estudiar el sitio durante años.
La Gran Dolina, que también se halla en la Trinchera, es uno de los más conocidos yacimientos de Atapuerca. El sitio cobró mayor interés en 1994, cuando aparecieron allí los primeros restos de una especie desconocida hasta entonces: el Homo antecessor.
En el llamado estrato Aurora, del nivel seis, han aparecido numerosos restos de este homínido en diferentes campañas de excavación. El también llamado “humano explorador” de 800 mil años era alto y fuerte; de cara con rasgos modernos y dentición primitiva.
Además del antecessor, la Sierra de Atapuerca también ha aportado al registro mundial la mayor parte de los fósiles existentes de heidelbergensis. El yacimiento donde han sido hallados estos restos óseos, la Sima de los Huesos, es de difícil acceso, y los científicos que trabajan allí tienen que atravesar estrechos pasadizos para sacar a la luz las valiosísimas y abundantes evidencias arqueológicas depositadas en el interior de la cueva.
Homo Heidelbergensis tenía unas proporciones corporales similares a las del sapiens, pero su tronco era más ancho y los huesos de sus extremidades más robustos. También poseía una capacidad cerebral mayor que la de sus antepasados, aunque desfavorablemente desproporcionada respecto a su pesado cuerpo. Los estudios realizados a los fósiles hallados en la Sima de los Huesos han revelado incontables datos sobre la vida de estos seres en el ecosistema burgalés y acerca de la especie en sí misma.
Tan brevísimo recuento de los hitos alcanzados en Atapuerca es suficiente para comprender las motivaciones que hacen acudir cada año en la sierra burgalesa a científicos españoles y de otros países.
En este 2010, al contexto del quehacer arqueológico se sumará la inauguración en la ciudad de Burgos del Museo de la Evolución Humana, un palacio en el que quedará expuesto en toda su dimensión el valor de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca y de sus labores de investigación asociadas a la salvaguarda del patrimonio arquepaleontológico.