sábado, 17 de julio de 2010

Nuevo Museo de la Evolución Humana


La instalación, de 15 mil metros cuadrados, expone fósiles originales procedentes de los yacimientos de Atapuerca y “reconstruye” en su interior la historia humana



Por Flor de Paz
Cuatro plantas de exposición permanente, con más de seis mil metros cuadrados cada una, componen al Museo de la Evolución Humana (MEH), inaugurado esta semana en la ciudad española de Burgos.
Erigido junto a la ribera del Arlanzón, río de vasta antigüedad que atraviesa la urbe castellana, el MEH abriga un total de 200 fósiles originales procedentes de los yacimientos de Atapuerca. Mediante diferentes recursos museológicos, expone asimismo elementos relacionados con la Teoría de la Evolución de Darwin, los trabajos sobre el cerebro del Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal y una Galería con reproducciones de homínidos.
Los conocidos yacimientos burgaleses están representados en toda la extensión de una de las plantas del Museo, a través de bloques que simulan las excavaciones en esta zona. Al mismo tiempo, audiovisuales recrean los hallazgos más importantes ocurridos en treinta años de labor arqueológica en la conocida montaña, algunos de ellos presentes en la exposición.
Entre otras muestras sobresalientes del MEH están una reproducción del Beagle, el buque británico en el que Charles Darwin realizó el viaje que inspiró su descubrimiento; la representación del arte rupestre y una sala de fuego que abre paso a otra área donde se habla de socialización y de la tecnología utilizada por nuestros antepasados.
El proyecto del Museo de la Evolución Humana de Burgos está basado en la misma filosofía que la réplica de las cuevas de Altamira, según ha dicho el arquitecto de ambas obras Juan Navarro Baldeweg.
En el de Altamira el conocido especialista relacionó la arquitectura con la geología del terreno y en el de la Evolución Humana, con el paisaje de la Sierra de Atapuerca. En este sentido, señaló que las piezas centrales del museo burgalés reproducen las trincheras de Atapuerca. Además –dijo-, el exterior del edificio establece una relación con el río Arlanzón que es el elemento conductor del rosario de jardines de la ciudad y que llega hasta el yacimiento.
Según José María Bermúdez de Castro, uno de los tres co-directores del proyecto Atapuerca, “hay muchos museos en Europa, en Euroasia y algunos en África que dedican espacio a la evolución humana, pero la verdad, tal y como se ha aprovechado esto, con esta dimensión, no se había hecho nunca.
"Es una inversión impresionante y un volumen impresionante de espacio, de información de datos, es único. Lo que hay que hacer ahora es mantenerlo vivo, que no sea flor de un día, sino continuar trabajando durante años y años", añadió.
“En el MEH se puede contemplar la evolución de los homínidos desde hace 1,5 millones de años. Al mismo tiempo, se puede comprender la teoría de la evolución de Darwin, se pueden observar todas las especies del género Homo, conocer la evolución del cerebro humano y entender la cultura humana, a nivel diacrónico, así como adentrarnos en los ecosistemas que han formado parte del gran proyecto de nuestra especie”, explicó Eudald Carbonell, también codirector del Proyecto Sierra de Atapuerca.
El Complejo de la Evolución Humana, en el que se enmarca el nuevo Museo, comprende un sistema en el que se integran por primera vez los yacimientos, las investigaciones, los centros de recepción e información de visitantes y los centros de conocimiento y divulgación, una red de recursos y actividades en torno a Atapuerca en el que todos y cada uno de sus elementos juegan un papel importante e interconectado.

lunes, 5 de julio de 2010

Un giro de tuerca







La inteligencia, legado de las innumerables especies homínidas que nos precedieron, es nuestra más fabulosa herramienta y conquista: la tecnología magnifica capacidades, no las sustituye. (Imagen: Hombre mecánico, de Liliana Lima de Lázaro)

Por Flor de Paz

Somos seres tecnológicos. La capacidad para fabricar herramientas fue una de las principales adquisiciones en pos de alcanzar nuestra condición humana durante el proceso evolutivo.
Dos millones de años después de que los homínidos más antiguos fabricaran los primeros artefactos de piedra, el universo tecnológico creado por el Homo sapiens multiplica exponencialmente sus capacidades y ejerce una influencia determinante sobre mecanismos originarios de la vida.
Una nueva selección, la técnica o cultural, coexiste con aquella basada en la sobrevivencia y reproducción de los individuos más aptos. Y el acceso a los adelantos científicos (algo así como el fuego en el paleolítico), determinan, en buena medida, la prolongación de la existencia entre los menos favorecidos por sus genes.
El desarrollo de incontables equipos médicos destinados al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, así como la acelerada diversificación de la industria farmacéutica, y de los conocimientos científicos en general, proporcionan a la humanidad herramientas capaces de transformar la naturaleza y de superar impensables escollos biológicos.
Pero, ¿cuándo el facultativo y sus prácticas clínicas deben de predominar sobre el uso (y abuso) de la tecnología per se? Y, ¿cuándo el tino no debe ser desechado en pro de un diagnóstico eficaz?
En cualquier caso, la responsabilidad nunca será suplantada por códigos o artefactos, a la postre frutos de la intervención humana. Ni la máquina más sofisticada sería capaz de sustituir al examen clínico o al diagnóstico presuntivo de un especialista, sobre todo si media la experiencia.
La inteligencia, legado de las innumerables especies homínidas que nos precedieron, es nuestra más fabulosa herramienta y conquista: la tecnología magnifica capacidades, no las sustituye.
Con todo, seguimos siendo vulnerables, aun cuando el desarrollo tecnológico se acerque cada vez más al universo de la ficción.
El sabernos portadores de un infinito conocimiento acumulado no debe alentar al uso inconsecuente de las herramientas creadas por nuestra especie, en aras, precisamente, del mejoramiento de la vida.
Agravia la evolución tecnológica el facultativo que falsea la valía de un fármaco. O aquel que por pereza o desidia acorta la duración de un tratamiento u oculta los probables caminos de una cura. Más que agravio es una estocada a la ética.
Solo la aspiración a una sociedad de pensamiento científico, basada en la lógica y la demostración, hará posible avanzar en el camino humano. Evolución tecnológica significa convertirnos en mejores usuarios, incluso, de nuestra propia inteligencia. Las máquinas resultan formidables, siempre y cuando usemos el cerebro. (Publicado en la revista Juventud Técnica, mayo-junio de 2010).

domingo, 20 de junio de 2010

De vuelta a la colina mágica

El complejo pleistocénico Sierra de Atapuerca es reconocido universalmente por sus aportes al estudio de la evolución humana. Entre sus más importantes resultados están el haber demostrado que Europa occidental fue poblada más temprano de lo que se pensaba hasta hace muy poco y una significativa contribución de restos fósiles de dos especies homínidas al registro mundial

Por Flor de Paz

Otra vez, como cada verano desde hace más de treinta años, la Sierra de Atapuerca vuelve a ser escenario de una campaña de excavaciones. Apenas se anuncia su inicio y la jornada del año en la colina burgalesa alienta expectativas en el universo mediático y científico.
Numerosa es la colecta de evidencias arqueológicas que en poco más de un mes reúnen allí los científicos. La Sierra ha demostrado contener en sus entrañas tal riqueza en restos que aún cuando no tenga lugar un descubrimiento sobresaliente el Equipo de Investigaciones de Atapuerca (EIA) lleva a sus laboratorios cada año una impresionante cantidad de material para el estudio.


La Trinchera del Ferrocarril vista desde Gran Dolina.

Apasionante y afanoso es el momento del trabajo de campo. Investigadores procedentes de diferentes instituciones se reúnen en Atapuerca y se entregan a la minuciosa búsqueda, como quienes realizan el siguiente capítulo de una serie de tres décadas.
La Trinchera del Ferrocarril abre sus puertas y los arqueólogos se internan en ella con expectativa de visitante que llega al impresionante complejo. El primer yacimiento que encuentran a su derecha es la Sima del Elefante. Este es el más antiguo de Atapuerca, donde dos años atrás se materializó el importante hallazgo de una mandíbula humana que supera el millón de años.


Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro, codirectores del Proyecto Atapuerca, observan la mandíbula humana de 1,2 millones de años hallada en la campaña del 2007 en la Sima del Elefante, Sierra de Atapuerca. Foto: Jordi Mestre (EIA)

El camino forjado de la Trinchera atraviesa la colina y sirve de plataforma a grandes andamios metálicos que se elevan desde la base hasta la cima de la cota. Desde ellos puede accederse de forma lateral a los niveles estratigráficos de los yacimientos.
Este trillo arcilloso suele estar húmedo y las huellas de los caminantes quedan impresas en el suelo. Las pisadas despiertan la imaginación y dejan fantasear. ¿Cómo conseguirían sobrevivir los homínidos del pleistoceno que andaban desnudos por la Sierra? La sola evocación de la existencia de seres que vivieron sometidos a un clima tan severo, sin nuestras posibilidades de abrigo y calor, hace estremecer la piel de cualquier humano moderno.
Otro refugio prehistórico sigue a la Sima del Elefante: Galería. El yacimiento fue una cueva que tuvo forma de media (o calcetín) y hace 500 mil años sirvió como una especie de suministradora de alimentos o “supermercado” al Homo heidelbergensis, que habitaba este ecosistema. Los homínidos acudían a Galería para obtener la carne de los animales que caían a la cueva por una abertura superior que tenía esta cavidad. Entraban y salían por una oquedad ubicada en su extremo inferior, y una vez obtenido el alimento, abandonaban el lugar dejando abandonadas las herramientas de piedra que utilizaban para descuartizar a sus víctimas. A esas conclusiones han podido llegar los investigadores luego de estudiar el sitio durante años.
La Gran Dolina, que también se halla en la Trinchera, es uno de los más conocidos yacimientos de Atapuerca. El sitio cobró mayor interés en 1994, cuando aparecieron allí los primeros restos de una especie desconocida hasta entonces: el Homo antecessor.
En el llamado estrato Aurora, del nivel seis, han aparecido numerosos restos de este homínido en diferentes campañas de excavación. El también llamado “humano explorador” de 800 mil años era alto y fuerte; de cara con rasgos modernos y dentición primitiva.
Además del antecessor, la Sierra de Atapuerca también ha aportado al registro mundial la mayor parte de los fósiles existentes de heidelbergensis. El yacimiento donde han sido hallados estos restos óseos, la Sima de los Huesos, es de difícil acceso, y los científicos que trabajan allí tienen que atravesar estrechos pasadizos para sacar a la luz las valiosísimas y abundantes evidencias arqueológicas depositadas en el interior de la cueva.
Homo Heidelbergensis tenía unas proporciones corporales similares a las del sapiens, pero su tronco era más ancho y los huesos de sus extremidades más robustos. También poseía una capacidad cerebral mayor que la de sus antepasados, aunque desfavorablemente desproporcionada respecto a su pesado cuerpo. Los estudios realizados a los fósiles hallados en la Sima de los Huesos han revelado incontables datos sobre la vida de estos seres en el ecosistema burgalés y acerca de la especie en sí misma.
Tan brevísimo recuento de los hitos alcanzados en Atapuerca es suficiente para comprender las motivaciones que hacen acudir cada año en la sierra burgalesa a científicos españoles y de otros países.
En este 2010, al contexto del quehacer arqueológico se sumará la inauguración en la ciudad de Burgos del Museo de la Evolución Humana, un palacio en el que quedará expuesto en toda su dimensión el valor de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca y de sus labores de investigación asociadas a la salvaguarda del patrimonio arquepaleontológico.

martes, 15 de junio de 2010

Inician excavaciones en Atapuerca




Alrededor de dos centenares de personas participarán en las excavaciones que se iniciaron hoy en los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca. La jornada arqueológica correspondiente al año en curso comenzó con 50 colaboradores y a partir del 1 de julio se incorporará el resto.
Con objetivos muy similares a los del año precedente, el Equipo de Investigaciones de Atapuerca (EIA) se propone iniciar la campaña en los yacimientos Sima del Elefante, donde han sido descubiertos restos de más de 1.3 millones de años; Gran Dolina, refugio de la especie Homo antecessor; Covacha de los Zarpazos; Cueva del Mirador y el asentamiento al aire libre Hotel California, en el que se trabaja por quinto año consecutivo.
En una segunda etapa, las labores arqueológicas continuarán en los yacimientos mencionados y se ampliarán a otros como Portalón, Sima de los Huesos (el más grande depósito de la especie Homo heidelbergensis) y Galería de las Estatuas, así como se realizarán labores de lavado de sedimentos en las orillas del río Arlanzón, según informa la Fundación Atapuerca.
La misma fuente añade que la mayoría de las personas que excavan en la Sierra de Atapuerca pertenecen a distintos centros de investigación del proyecto del mismo nombre; entre ellos la Universidad de Burgos, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, el Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social y la Universidad de Zaragoza, además de otras personas procedentes de distintas instituciones académicas y científicas nacionales e internacionales.
Esta campaña de excavaciones es financiada por la Junta de Castilla y León. La Fundación Atapuerca, en su labor de apoyo a la investigación, dota a la actividad arqueológica del personal, materiales y equipos y servicios necesarios. Igualmente financia programas de dataciones de restos e investigación de los mismos. (Flor de Paz)

jueves, 20 de mayo de 2010

“La Habana: un enorme sitio arqueológico”




Dialogo con Roger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad.






Por Flor de Paz
Picoleta en mano, el arqueólogo se dispone en cada jornada al levantamiento de consecutivas capas estratigráficas, entre las cuales ha de identificar el transcurso del tiempo o las huellas de la intervención humana. Su labor no es sencilla, requiere de esfuerzo físico e intelectual. Infinitas horas de trabajo duro reclama este oficio para quien inmerso en las profundidades de la tierra ha de “ver” en un fragmento óseo o cerámico el atisbo de una conclusión histórica o al menos, su formulación hipotética.
En ese bregar diario, han transcurrido los primeros 22 años de existencia del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, una institución que desde su nacimiento, el 14 de noviembre de 1987, se ha dedicado a indagar sobre los orígenes de esta urbe, surgida en 1519.
“Con nuestras investigaciones contribuimos a explicar cómo nació y creció la Ciudad, dónde estuvieron los primeros núcleos poblacionales, qué características tuvo la adaptación de los colonos españoles a este espacio y cómo explotaron el medio en qué vivieron”, señaló Roger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete desde hace más de una década.

Otro objetivo de este centro científico ha sido brindar apoyo a la restauración inmobiliaria. Numerosos edificaciones coloniales de La Habana carecen de planos fundacionales o de memorias arquitectónicas escritas. El método arqueológico permite registrar y fundamentar esa historia que está implícita en las estructuras murarias.
Mediante la estratigrafía o estudio de los estratos arqueológicos –subraya Arrazcaeta Delgado- podemos “leer” la evolución constructiva de una edificación desde el techo hasta el subsuelo y así podemos formular una visión más completa de la ciudad.
“El método arqueológico nos ha facilitado también estudiar la cultura cotidiana de los pobladores que vivieron en La Habana desde su surgimiento hace casi 500 años; las diferentes clases sociales a que pertenecieron sus habitantes y hasta la procedencia de muchos de los objetos que utilizaron”.
Es conocido que, por su posición estratégica como llave de las Indias y lugar donde se concentraban las flotas que venían de América para regresar a España cargadas de los tesoros, nuestra ciudad fue favorecida por el comercio oficial de España, que en esa época era muy reducido y controlado por la Metrópolis. En Cuba, y en particular en La Habana, se suscitó un gran comercio de contrabando debido a las dificultades que tenían otras colonias de la América hispana para obtener suministros.
Según el investigador, estos hechos históricos son constatados mediante la evidencia material que aparece continuamente en el subsuelo de la Ciudad. “La Habana es un rico y enorme sitio arqueológico donde hay mucho qué investigar y siempre con resultados.
“Pero, a pesar de los esfuerzos que hace el Estado cubano y la Oficina del Historiador por salvar este valioso patrimonio, se necesita de muchos recursos para que pueda ser rescatado. También de una mayor sensibilidad ciudadana en el cuidado de cuanto se restaura.
“Es significativo lo que se pierde y lo que está en peligro, debido a la antigüedad de las edificaciones. Los recursos para la restauración mayormente los aportamos los propios cubanos, aún cuando en 1982 La Habana Vieja fue declarada Patrimonio de la Humanidad”, concluyó el director del Gabinete de Arqueología.

sábado, 15 de mayo de 2010

Los postulados de Charles Darwin



“El núcleo central de la teoría de la evolución no va a ser alterado por ningún otro descubrimiento”, afirma el doctor Vicente Berovides, especialista en genética y evolución


Por Flor de Paz

Charles Darwin hizo una de las contribuciones de mayor trascendencia al conocimiento del origen de la vida: descubrió el engranaje fundamental de la evolución y lo resumió en la más importante teoría científica que aún sirve de sustento a todas las concepciones evolucionistas.

La selección natural, médula de sus aportes, constituye un mecanismo de transformación capaz de dar lugar a nuevas especies. Aun cuando ha sido ampliada y mejorada, mantiene íntegra su esencia.
Según la concibió Darwin, se concreta en la capacidad de supervivir de los individuos más adecuados. Hoy, con los significativos avances experimentados por la biología molecular de finales del siglo XX, entra en juego además la habilidad para reproducirse y transmitir genes a la próxima generación.

Esta ciencia recontextualiza la acción del principio darwiniano a nivel poblacional, y no solo en el individuo, explica el doctor Vicente Berovides Álvarez, profesor e investigador de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana.

A partir de las concepciones actuales –acota-, ser eliminado por la selección natural no significa morir. “La imposibilidad de procrear es también una consecuencia de la acción de esta ley”.

Nueva síntesis
Darwin no conoció la existencia de los genes; el descubrimiento de la estructura del ADN (1953) ocurrió más de setenta años después de su muerte. Tampoco pudo prever la función de estas moléculas en el origen de los cambios que él percibió en los seres vivos.

Aun cuando las leyes del checo Gregor Mendel, publicadas en 1866, fundamentaban la herencia de caracteres simples, no establecían la de los más complejos e importantes para la evolución; por ejemplo, los relacionados con la habilidad de los individuos para reproducirse.

El trabajo de Mendel fue incomprendido hasta 1900, cuando ocurre un redescubrimiento de sus teorías. Entonces –agrega el doctor Berovides- se supo que los caracteres complejos sí tenían herencia mendeliana, pero no exactamente cómo él la había formulado.

Sobre esos presupuestos, y con el desarrollo alcanzado por la genética poblacional, respaldada por otros conocimientos predominantes en la década del treinta del pasado siglo, surge la teoría sintética de la evolución o postdarwinismo.

La también llamada nueva síntesis restableció la teoría original de Darwin sobre las firmes bases de la genética experimental y las estadísticas demográficas.

En la época en que el científico inglés formula su teoría, la clave estaba en el individuo y en los caracteres hereditarios. Al desarrollarse la teoría sintética se llega a la conclusión de que lo importante para evolucionar es la población y que las unidades que se transmiten a la próxima generación son los genes, no los caracteres.
La sistemática, que era una ciencia relativamente desarrollada entonces, también apoya la evolución y, sobre todo, los descubrimientos paleontológicos, evidencias de ese fenómeno. En el siglo XIX fueron hallados muchos fósiles de dinosaurios, demostrativos de que el mecanismo propuesto por Darwin era el más acertado.

“Se sabe, por evidencia fósil, que los reptiles se pudieron transformar en mamíferos y que otro grupo de reptiles, que eran dinosaurios, se convirtieron en aves. Asimismo, un grupo de monos evolucionó a humanos”, argumenta el profesor Berovides.

Una tercera ciencia apoya el postdarwinismo o teoría sintética: la biología molecular y, más específicamente, la genética molecular. Gracias a ella se descubre la estructura compleja de los genes y se concibe una posible evolución molecular, mucho más compleja que la de los organismos. Pero como las moléculas están controladas por los genes y están dentro de los organismos, al final lo que evolucionan son estos, junto con sus genes, sus moléculas y sus caracteres.


El equilibrio puntuado
Los evolucionistas que apoyan la teoría de Darwin reafirman que las nuevas especies aparecen en forma gradual y a partir de otras preexistentes; los llamados saltacionistas opinan que estas aparecen y desaparecen súbitamente.

No hay contraposición entre ellas. “Después de mucha discusión se acepta que ambos procesos pueden ocurrir, dependiendo del carácter y de la especie. Por ejemplo, los homínidos se hicieron bípedos de forma gradual, pero la adquisición de un gran cerebro ocurrió como un salto (sucede en una sola generación y consiste en un cambio genético significativo que da lugar al surgimiento de una especie)”, explica el científico cubano.

El saltacionismo, que se opone a la teoría darwinista de la evolución gradual, fundamenta el nacimiento de la teoría del Equilibrio Puntuado o Puntualismo, debida a los aportes de Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, eminentes paleoantropólogos estadounidenses.

Pero el propio Stephen Jay Gould, apunta: “La selección natural de Darwin es una teoría para fabricar diseños sin necesidad de un diseñador; hecha a la medida para pulverizar uno a uno los argumentos de cualquier creencia antinatural. La predicción clave de la teoría se ha confirmado en tiempos recientes: la prueba más contundente es la universalidad del código genético”.
No hay dudas, la teoría de Gould y de los evolucionistas biológicos moleculares modernos, reposa firmemente en el darwinismo.

La evolución como resultado de la selección natural planteada por el genio inglés tiene tal alcance que fue capaz de asimilar sin dificultad las reglas básicas de la herencia mendeliana y el descubrimiento de la estructura atómica del ADN, quedando reforzada, cada vez más, por los avances de la genética.
El núcleo central de la teoría de la evolución -los mecanismos por mutación y selección natural-, básicamente no va a ser alterado por ningún descubrimiento, señala el doctor Berovides Álvarez. “Aun cuando puedan hallarse nuevas explicaciones acerca del surgimiento de la variación genética y otros métodos de acción de la selección natural y de la transmisión hereditaria, tal como la horizontal o de una especie a otra”. (Publicado en Juventud Técnica)

lunes, 1 de marzo de 2010

Desde el plioceno a pie




Por Flor de Paz

Nuevos hallazgos en una homínida perteneciente a la especie Ardipithecus ramidus adelanta en más de un millón de años adquisiciones humanas como el bipedismo y arroja luces sobre establecidos paradigmas de la evolución humana

Ardi camina erguida. Anda sobre sus pies tras bajar de los árboles. Deambula como un Homo sapiens, pero la combinación anatómica de su antiquísimo esqueleto no es la de un humano, aunque tampoco la de un simio.
Pertenece al género Ardipithecus y a la especie ramidus; tiene largos brazos y piernas cortas. Como hábil trepadora de los bosques pliocénicos del noreste africano, se sirve de sus prolongados dedos para asirse a los troncos y tomar los frutos a su alcance.
Su estatura apenas excede un metro y pesa casi 50 kilogramos, mientras el tamaño de su cerebro es comparable con el de los chimpancés actuales, un quinto del humano, asegura el paleontólogo norteame¬ricano Tim White, de la Universidad de Berkeley, California, luego de 17 años dedicados a la reconstrucción y estudio de tan formidable estructura ósea.
La forma del pie, la mano, la pelvis y su modo de locomoción, todo parecía impresionar a White y a sus colegas en una de las más integrales investigaciones realizadas a un fósil de homínido.
Su presentación a la comunidad científica internacional conmocionó el universo mediático: el esqueleto de Ardi es el más completo que existe para esa cronología y ofrece novedosa información sobre adaptaciones humanas tan determinantes como el bipedismo.
África, nuestra cuna
En los predios inhóspitos del desier¬to etíope de Afar, territorio del Gran Valle del Rift africano, fueron descu¬biertos los restos de Ardi en 1994.
Decenas de huesos fósiles perte¬necientes a una hembra de Ardipi¬thecus ramidus fueron desenterrados de ese primate. “La nueva evidencia fósil invalida el concepto de que los chimpancés y los gorilas son nuestro último antepasado común”, advierte Tim White.
Antes de las conclusiones obtenidas del pesquizaje realizado sobre Ardi, los científicos consideraban que los primeros homínidos evolucionaron a la bipedación en las abiertas sábanas africanas, pero el equipo multinacional que encabeza White llegó a la certeza de que la homínida estudiada vivió en un medio arbóreo.
Nuevas pistas
Ni chimpancé ni humano: un mosai¬co evolutivo. Tal ha sido la definición que los investigadores han dado de Ardi ante la singular combinación de caracteres que reúne su esqueleto.
Pero más allá del análisis de su biología y el ambiente en que vivió, quedan abiertas nuevas pistas al co¬nocimiento de nuestros orígenes y a las claves de la naturaleza humana.
“Tiempo habrá de valorar con tran¬quilidad el estudio de Ardi y otros fósi¬les de la especie Ardipithecus ramidus”, dijo José María Bermúdez de Castro, codirector del Proyecto Atapuerca, al comentar la publicación realizada por el multiequipo de White.
“Estas investigaciones y sus resul¬tados tienen que ser asimilados por la comunidad científica y debatidos en el contexto de otros hallazgos de gran interés para comprender el ori¬gen de nuestra genealogía”, añadió Bermúdez de Castro, entusiasmado, aunque persuadido de que batir regis¬tros de antigüedad no es una carrera de tiempo. (Juventud Técnica, enero-febrero 2010)

miércoles, 20 de enero de 2010

Genes para la bondad


Sustentada en los más avanzados conocimientos, la ciencia de la evolución tiene cada vez más espacio en las aulas e instituciones científicas cubanas. Numerosas investigaciones biológicas toman como punto de partida este enfoque con el auxilio de las nuevas herramientas que ofrecen los avances tecnológicos más modernos. Para las ciencias sociales, tomar en cuenta la perspectiva evolutiva sigue siendo un reto.

Por Flor de Paz

Poco le habría costado al doctor Vicente Berovides Álvarez acompañar a Charles Darwin en la defensa de su famosa Teoría de la evolución de las especies. Convencido de la trascendencia del aporte darwiniano al conocimiento del origen de la vida, el experimentado profesor e investigador de la Universidad de La Habana acude al aula cada mañana en el afán de demostrar a sus discípulos la vigencia de los aportes del genio inglés y los nuevos conocimientos que ha traído consigo el desarrollo científico.

Los avances experimentados por la biología molecular desde fines del siglo XX han enriquecido sustancialmente la teoría de Darwin, asevera el investigador. “La secuenciación de genomas de bacterias, plantas y animales revelan matices del funcionamiento de los mecanismos evolutivos ignorados hasta hace muy poco”.

Uno de los estudios de este tipo que más llamó la atención del público fue la secuenciación del genoma del chimpancé. Descubrir que los humanos compartimos con el simio una parte importante de los genes, entre ellos los encargados de formar algunos órganos, resultó muy impresionante.

La diferencia entre ambas especies está en las secuencias de bases en esos genes que cambiaron mucho en los humanos, asegura el profesor Berovides. “Es decir, si en un segmento del ADN (material genético) de chimpancé ocurrieron cinco cambios en nosotros tuvieron lugar 20. Y esos genes controlan el cerebro, justamente la clave de la evolución humana.

Profesor y científico

La transformación de las especies y el proceso que da lugar a este cambio es la esencia de la Evolución, disciplina científica que hace algunos años se encargó de organizar el profesor Berovides para la enseñanza en la Facultad de Biología, de la Universidad de La Habana.

Aun imparte la asignatura y a la vez encabeza investigaciones y escribe libros. De la conjunción de su labor docente y científica nacieron textos como ¿Qué nos hace ser humanos? y Biología evolutiva, dedicados a la divulgación y a la docencia, respectivamente.

En el primero el autor analiza diez de los caracteres que nos singularizan como especie; entre ellos, la adquisición de un gran cerebro, el andar bípedo, el lenguaje simbólico, la cultura, la elaboración de herramientas y el consumo de carne.

Biología evolutiva es el resultado de estudios prácticos propios. En ese texto utiliza ejemplos cubanos, como el de las conocidas polímitas (poner nombre científico) y su proceso de transformación: mediante el clima, la selección natural modificó la composición genética de estos simbólicos caracoles de Cuba que se están extinguiendo.

Fiel a la investigación de especies nacionales y de la región caribeña Berovides Álvarez indaga en la actualidad acerca del Cobo (poner nombre científico). “En poblaciones de este molusco que son explotadas con fines comerciales buscamos qué grado de diversidad genética mantiene; si es baja sabemos que el grupo no será capaz de enfrentar la situación y desaparecerá.

“Hicimos un trabajo similar con el camarón y resultó positivo en cuanto a la conservación de poblaciones de esta especie en el país. Siempre que un animal es llevado a cultivo se adapta por selección natural y pierde variación genética, de modo que estas investigaciones son útiles para evaluar cómo el desarrollo económico impacta sobre el patrimonio genético de nuestra biodiversidad”.

Pero los estudios evolutivos abarcan mucho más y se imbrican asimismo dentro de otros de diverso carácter, como los denominados implícitos, explica el investigador. Un ejemplo es la reciente investigación realizada en Cuba sobre las mariposas y sus métodos de comunicación, en la que el autor demostró el cambio de función de un órgano del insecto que los especialistas consideraban atrofiado.

Sólo con las herramientas que ofrece el enfoque evolutivo puede llegarse a la interpretación de hechos similares, asegura el profesor Berovides. “El gran avance de la biología se logra precisamente al incorporar la idea de la evolución a la hora de descifrar fenómenos visibles en los organismos vivos. De lo contrario, puede caerse en explicaciones extracientíficas”.

El científico considera asimismo que psicólogos, sociólogos, médicos y sexólogos deberían aprender mucho más sobre evolución humana. “A veces no se llega al esclarecimiento sobre problemáticas relacionadas con estas especialidades debido a que muchos análisis carecen del enfoque evolutivo, como si el hombre solo fuera un animal civilizado y no hubiera experimentado un proceso de transformación que le tomó millones de años.

“El 99 por ciento de nuestra historia como especie transcurrió en comunidades primitivas de cazadores recolectores, por esa razón muchas enfermedades y conductas humanas pueden explicarse teniendo en cuenta el contexto evolutivo, además del medio en que se desarrolla en la actualidad”.

La singularidad de nuestra existencia

Como Darwin el profesor Vicente Berovides necesitó llegar al estudio teórico de la evolución humana, aun cuando no abandona sus investigaciones de campo la faunística de nuestra región geográfica. Lo singular de nuestro proceso de transformación conquistó como científico.

“Somos únicos en el universo. Y dudo mucho que un evento como el nuestro vuelva a ocurrir”, asegura.

Según el investigador, los escritores de ciencia ficción deben interesarse por esta ciencia, “pues insisten en la posibilidad de la existencia de inteligencia humana en otro planeta y desconocen lo extraordinario de la emergencia del género Homo y de los que les antecedieron. La evolución no humana es solo biológica, pero la nuestra va acoplada a la de la psiquis y la de la cultura, y esa peculiaridad no tiene antecedentes.

“Otro asunto es que seguimos evolucionando y lo haremos significativamente en el ámbito conductual. Nuestros caracteres morfológicos se mantendrán, pero algunos de los fisiológicos variarán, como por ejemplo la tolerancia a las enfermedades. Quizás de aquí a 500 años las poblaciones humanas se hayan liberado del SIDA, debido a la selección natural y a sus mecanismos adaptativos”.

-La evolución de la psiquis protagonizará en lo adelante nuestro proceso evolutivo, de tal modo que el engranaje del cerebro que controla nuestros instintos, en especial la corteza con respecto al hipotálamo, será más fuerte.

“En teoría seremos mucho mejores y numerosas lacras sociales disminuirán. Pero primero tendrá que cambiar la sociedad y la cultura para que esos genes buenos se seleccionen. Mientras en el mundo persista la violencia, y otros fenómenos de ese tipo, no existirá un ambiente favorable para que los genes que controlan los canales instintivos sean los elegidos.

Convencido de que esta es una de las grandes lecciones que nos dejan los conocimientos sobre evolución humana, el profesor Berovides reconoce como antecedentes de las conductas etológicas que aun mantenemos que en las sociedades primitivas el hombre formaba unidades de tres o cuatro centenas de individuos y que para ellos sus vecinos no eran humanos.

“Sus nombres implicaban su condición, y a la tribu vecina les ponían calificativos de animales, y como tal podían matarlo, fenómeno que aún persiste en algunas tribus. Y ese instinto de ser yo el que pertenezco a mi grupo y que el otro es distinto no lo hemos perdido todavía”, estima.

“En fin, que se habla mucho del mejoramiento genético de la especie humana, pero mientras padezcamos de tantas limitaciones en nuestro progreso sociocultural no vamos a lograr nada ¿Qué se resuelve si inyectamos genes de bondad a una persona que vive en una sociedad en la cual hay gente capaz de matar a quien quiere?”

Existe la tendencia –asegura- de responsabilizar solo a los genes con situaciones como la agresividad o el homosexualismo; sin embargo, el aspecto social tiene un rol protagónico en estos casos.

“Soy de los convencidos de que genoma y cultura interactúan de igual forma; o sea, la cultura influye al genoma del mismo modo que el genoma influye a la cultura”, concluyó el doctor Vicente Berovides Álvarez .

¿Quién soy y qué hago en el universo?



La creación del Complejo de la Evolución Humana, en Burgos, España, contribuirá a un mayor conocimiento acerca de nuestros orígenes y abrirá una nueva puerta para retroceder en el tiempo e indagar sobre los antepasados más antiguos del Homo sapiens.



Texto: Flor de Paz. Fotomontaje: Gizéh Rangel de Lázaro.

Hacia la ciudad española de Burgos enrumban su andar Homo antecessor y su descendiente heidelbergensis. Otro refugio abre las puertas a los prehistóricos seres que tuvieron abrigo en la Sierra de Atapuerca hace más de un millón y 500 mil años, respectivamente.

Una moderna edificación será el nuevo hogar de estos homínidos. En el denominado Complejo de la Evolución Humana (CEH) tendrán sitio privilegiado los antiguos habitantes de Atapuerca.

Compuesto por tres módulos, el inmueble fue erigido junto a la ribera del Arlanzón, el río de vasta antigüedad que atraviesa la urbe castellana y que también forma parte del conocido ecosistema montañoso.

Crear una conciencia de especie a partir del conocimiento del proceso evolutivo para salvar el futuro de Homo sapiens, según ha dicho Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Sierra de Atapuerca (PSA), es el objetivo que se persigue al edificar este inmenso predio acristalado que integra un centro de investigaciones, un museo y un palacio de congresos.

La primera parte del CEH: el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), fue inaugurada el pasado mes de julio.

En el nuevo enclave la institución constituida en el 2004 amplió significativamente el espacio físico y las potencialidades para cumplir con su misión de realizar estudios evolutivos correspondientes a los períodos geológicos Plioceno y Pleistoceno.

Otro de los módulos del Complejo, el dedicado al Museo de la Evolución Humana (MEH), abrirá sus puertas en julio de 2010. Aún en fase de montaje interior, no tiene precedentes entre los de su tipo el mundo debido a la magnitud y contenidos que lo caracterizarán.

Una galería de réplicas de doce homínidos y la exposición de fósiles originales que los investigadores han sacado a la luz durante treinta años en las campañas de excavaciones de la Sierra de Atapuerca, estarán entre las singularidades del área de exposiciones permanentes del MEH.

Buscar en el pasado

Las investigaciones que realiza el CENIEH trascienden su estrecha relación con los yacimientos de Atapuerca y con el material arqueológico extraído de la Sierra, base de numerosos labores que desarrolla la institución.

“Hacemos estudios de evolución humana; por tanto, abarcamos mucho más y pretendemos ser un centro importante entre los de su tipo en Europa y en el mundo”, aseguró José María Bermúdez de Castro, director de ese colectivo científico.

Siete programas investigativos, conformados por uno o más grupos de trabajo, son desarrollados en estos momentos en el CENIEH. Entre ellos, Paleobiología y paleoecología de los homínidos, relacionado con el estudio de los fósiles humanos, y Geocronología, encaminado a la datación de los yacimientos.

Al primero corresponde el grupo denominado Antropología dental, que a partir de estudios sobre más de cinco mil piezas fósiles odontológicas ha aportado datos para la identificación de especies homínidas y sobre las relaciones de parentesco entre algunas de ellas, así como acerca de patologías en poblaciones humanas extintas.

El programa científico de Geocronología cuenta en el nuevo edificio del CENIEH con laboratorios que a mediano plazo ofrecerán servicios de datación a la comunidad científica internacional, a la vez que sus investigadores trabajan en la innovación y el desarrollo de nuevas técnicas y métodos de cronometraje.

Amplio es el número de disciplinas que en la actualidad aborda este centro. Sin embargo, para José María Bermúdez de Castro la investigación sobre evolución humana no solo consiste en estudiar fósiles y saber cómo vivían los seres a quienes correspondieron los huesos o herramientas que son halladas en los yacimientos arqueológicos, sino también entrar en contacto con lo qué significa para los humanos conocer sobre sus orígenes.

Según el científico, resulta extraordinario poder contribuir en la búsqueda de la respuesta a esa gran pregunta que nos hacemos todos los seres humanos una vez que tenemos conciencia, ¿quién soy y qué hago en el universo?

“Sacamos a la luz los fósiles, los estudiamos y decimos: nuestro origen es africano y hace seis millones de años antecesores de los humanos estaban en los arboles y se alimentaban de frutas. Creo que todo esto nos forma un poco la mente a todos”, reflexiona Bermúdez de Castro.

Además de la investigación, el CENIEH tiene el cometido de restaurar y conservar las colecciones procedentes de yacimientos arqueológicos y paleontológicos correspondientes al plioceno y pleistoceno.

En la nueva instalación serán reunificados alrededor de 300 mil fósiles extraídos de la Sierra de Atapuerca, así como otros provenientes de yacimientos enclavados en la región de Castilla y León.

El área de colecciones del CENIEH cuenta con cerca de 780 metros cuadrados de superficie distribuidas en cinco salas. Con el espacio previsto se calcula que habrá sitio para los fósiles que se recuperen en Atapuerca en las sucesivas campañas hasta el año 2030.

Fósiles y réplicas

Cinco mil metros cuadrados de superficie expositiva, distribuidas en cuatro plantas, abarca el Museo de la Evolución Humana (MEH).

A Darwin y a su Teoría de la Evolución, y a la historia del devenir humano, se ha destinado la planta cero del MEH. En ella estará ubicada la espectacular galería de los homínidos, única en el contexto museográfico internacional.

Mediante una rampa que nace en el nivel superior podrá accederse a la planta uno –el núcleo del museo-, de forma tal que los visitantes experimenten la sensación de adentrarse en el interior de los yacimientos.

En ese salón dos de los cuatro bloques levantados reproducirán escenarios de Atapuerca mediante una especie de trincheras que simulan los cortes orográficos y estratos de la Sierra. Uno de ellos, recreará a Homo antecessor y a los yacimientos de la Gran Dolina y la Sima del Elefante; en el otro, Homo heidelbergensis y la Sima de los Huesos.

Vitrinas especialmente diseñadas para la conservación y seguridad de los fósiles expondrán restos óseos originales procedentes de Atapuerca, mientras un audiovisual contextualizará la especie y el yacimiento a que pertenecen.

La exposición de esta planta estará dotada de efectos interactivos mediante los cuales podrán mostrarse los métodos de datación de los fósiles.

Apoyada en diversos recursos, la muestra explicará fenómenos como el de nuestra herencia cultural o la aparición del fuego. También ejemplificará representaciones artísticas primitivas.

Los tres ecosistemas fundamentales relacionados con la evolución humana: la selva, la sabana y la tundra-estepa de la última glaciación, serán recreados en la planta dos, en lo que constituye el techo de los bloques del piso uno.

En la última o tercera, el visitante podrá comparar su talla con la de la reproducción de un mamut, que a la vez explica la adaptación de los animales a los cambios climáticos.

Este nivel también contará con un mirador desde el cual podrán observarse los ecosistemas instalados en la planta anterior.

El Museo de la Evolución Humana expondrá en toda su dimensión el valor de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca y de sus labores de investigación asociadas a salvaguardar el patrimonio paleontológico. Constituirá asimismo un escenario de aprendizaje y cultura.