Nuevos hallazgos en una homínida perteneciente a la especie Ardipithecus ramidus adelanta en más de un millón de años adquisiciones humanas como el bipedismo y arroja luces sobre establecidos paradigmas de la evolución humana
Ardi camina erguida. Anda sobre sus pies tras bajar de los árboles. Deambula como un Homo sapiens, pero la combinación anatómica de su antiquísimo esqueleto no es la de un humano, aunque tampoco la de un simio. Pertenece al género Ardipithecus y a la especie ramidus; tiene largos brazos y piernas cortas. Como hábil trepadora de los bosques pliocénicos del noreste africano, se sirve de sus prolongados dedos para asirse a los troncos y tomar los frutos a su alcance. Su estatura apenas excede un metro y pesa casi 50 kilogramos, mientras el tamaño de su cerebro es comparable con el de los chimpancés actuales, un quinto del humano, asegura el paleontólogo norteame¬ricano Tim White, de la Universidad de Berkeley, California, luego de 17 años dedicados a la reconstrucción y estudio de tan formidable estructura ósea. La forma del pie, la mano, la pelvis y su modo de locomoción, todo parecía impresionar a White y a sus colegas en una de las más integrales investigaciones realizadas a un fósil de homínido. Su presentación a la comunidad científica internacional conmocionó el universo mediático: el esqueleto de Ardi es el más completo que existe para esa cronología y ofrece novedosa información sobre adaptaciones humanas tan determinantes como el bipedismo. África, nuestra cuna En los predios inhóspitos del desier¬to etíope de Afar, territorio del Gran Valle del Rift africano, fueron descu¬biertos los restos de Ardi en 1994. Decenas de huesos fósiles perte¬necientes a una hembra de Ardipi¬thecus ramidus fueron desenterrados de ese primate. “La nueva evidencia fósil invalida el concepto de que los chimpancés y los gorilas son nuestro último antepasado común”, advierte Tim White. Antes de las conclusiones obtenidas del pesquizaje realizado sobre Ardi, los científicos consideraban que los primeros homínidos evolucionaron a la bipedación en las abiertas sábanas africanas, pero el equipo multinacional que encabeza White llegó a la certeza de que la homínida estudiada vivió en un medio arbóreo. Nuevas pistas Ni chimpancé ni humano: un mosai¬co evolutivo. Tal ha sido la definición que los investigadores han dado de Ardi ante la singular combinación de caracteres que reúne su esqueleto. Pero más allá del análisis de su biología y el ambiente en que vivió, quedan abiertas nuevas pistas al co¬nocimiento de nuestros orígenes y a las claves de la naturaleza humana. “Tiempo habrá de valorar con tran¬quilidad el estudio de Ardi y otros fósi¬les de la especie Ardipithecus ramidus”, dijo José María Bermúdez de Castro, codirector del Proyecto Atapuerca, al comentar la publicación realizada por el multiequipo de White. “Estas investigaciones y sus resul¬tados tienen que ser asimilados por la comunidad científica y debatidos en el contexto de otros hallazgos de gran interés para comprender el ori¬gen de nuestra genealogía”, añadió Bermúdez de Castro, entusiasmado, aunque persuadido de que batir regis¬tros de antigüedad no es una carrera de tiempo. (Juventud Técnica, enero-febrero 2010)
Sustentada en los más avanzados conocimientos, la ciencia de la evolución tiene cada vez más espacio en las aulas e instituciones científicas cubanas. Numerosas investigaciones biológicas toman como punto de partida este enfoque con el auxilio de las nuevas herramientas que ofrecen los avances tecnológicos más modernos. Para las ciencias sociales, tomar en cuenta la perspectiva evolutiva sigue siendo un reto.
Por Flor de Paz
Poco le habría costado al doctor Vicente Berovides Álvarez acompañar a Charles Darwin en la defensa de su famosa Teoría de la evolución de las especies. Convencido de la trascendencia del aporte darwiniano al conocimiento del origen de la vida, el experimentado profesor e investigador de la Universidad de La Habana acude al aula cada mañana en el afán de demostrar a sus discípulos la vigencia de los aportes del genio inglés y los nuevos conocimientos que ha traído consigo el desarrollo científico.
Los avances experimentados por la biología molecular desde fines del siglo XX han enriquecido sustancialmente la teoría de Darwin, asevera el investigador. “La secuenciación de genomas de bacterias, plantas y animales revelan matices del funcionamiento de los mecanismos evolutivos ignorados hasta hace muy poco”.
Uno de los estudios de este tipo que más llamó la atención del público fue la secuenciación del genoma del chimpancé. Descubrir que los humanos compartimos con el simio una parte importante de los genes, entre ellos los encargados de formar algunos órganos, resultó muy impresionante.
La diferencia entre ambas especies está en las secuencias de bases en esos genes que cambiaron mucho en los humanos, asegura el profesor Berovides. “Es decir, si en un segmento del ADN (material genético) de chimpancé ocurrieron cinco cambios en nosotros tuvieron lugar 20. Y esos genes controlan el cerebro, justamente la clave de la evolución humana.
Profesor y científico
La transformación de las especies y el proceso que da lugar a este cambio es la esencia de la Evolución, disciplina científica que hace algunos años se encargó de organizar el profesor Berovides para la enseñanza en la Facultad de Biología, de la Universidad de La Habana.
Aun imparte la asignaturay a la vez encabeza investigaciones y escribe libros. De la conjunción de su labor docente y científica nacieron textos como ¿Qué nos hace ser humanos?y Biología evolutiva, dedicados a la divulgación y a la docencia, respectivamente.
En el primero el autor analiza diez de los caracteres que nos singularizan como especie; entre ellos, la adquisición de un gran cerebro, el andar bípedo, el lenguaje simbólico, la cultura, la elaboración de herramientas y el consumo de carne.
Biología evolutiva es el resultado de estudios prácticos propios. En ese texto utiliza ejemplos cubanos, como el de las conocidas polímitas (poner nombre científico) y su proceso de transformación: mediante el clima, la selección natural modificó la composición genética de estos simbólicos caracoles de Cuba que se están extinguiendo.
Fiel a la investigación de especies nacionales y de la región caribeña Berovides Álvarez indaga en la actualidad acerca del Cobo (poner nombre científico). “En poblaciones de este molusco que son explotadas con fines comerciales buscamos qué grado de diversidad genética mantiene; si es baja sabemos que el grupo no será capaz de enfrentar la situación y desaparecerá.
“Hicimos un trabajo similar con el camarón y resultó positivo en cuanto a la conservación de poblaciones de esta especie en el país. Siempre que un animal es llevado a cultivo se adapta por selección natural y pierde variación genética, de modo que estas investigaciones son útiles para evaluar cómo el desarrollo económico impacta sobre el patrimonio genético de nuestra biodiversidad”.
Pero los estudios evolutivos abarcan mucho más y se imbrican asimismo dentro de otros de diverso carácter, como los denominados implícitos, explica el investigador. Un ejemplo es la reciente investigación realizada en Cuba sobre las mariposas y sus métodos de comunicación, en la que el autor demostró el cambio de función de un órgano del insecto que los especialistas consideraban atrofiado.
Sólo con las herramientas que ofrece el enfoque evolutivo puede llegarse a la interpretación de hechos similares, asegura el profesor Berovides. “El gran avance de la biología se logra precisamente al incorporar la idea de la evolución a la hora de descifrar fenómenos visibles en los organismos vivos. De lo contrario, puede caerse en explicaciones extracientíficas”.
El científico considera asimismo que psicólogos, sociólogos, médicos y sexólogos deberían aprender mucho más sobre evolución humana. “A veces no se llega al esclarecimiento sobre problemáticas relacionadas con estas especialidades debido a que muchos análisis carecen del enfoque evolutivo, como si el hombre solo fuera un animal civilizado y no hubiera experimentado un proceso de transformación que le tomó millones de años.
“El 99 por ciento de nuestra historia como especie transcurrió en comunidades primitivas de cazadores recolectores, por esa razón muchas enfermedades y conductas humanas pueden explicarse teniendo en cuenta el contexto evolutivo, además del medio en que se desarrolla en la actualidad”.
La singularidad de nuestra existencia
Como Darwin el profesor Vicente Berovides necesitó llegar al estudio teórico de la evolución humana, aun cuando no abandona sus investigaciones de campo la faunística de nuestra región geográfica. Lo singular de nuestro proceso de transformación conquistó como científico.
“Somos únicos en el universo. Y dudo mucho que un evento como el nuestro vuelva a ocurrir”, asegura.
Según el investigador, los escritores de ciencia ficción deben interesarse por esta ciencia, “pues insisten en la posibilidad de la existencia de inteligencia humana en otro planeta y desconocen lo extraordinario de la emergencia del género Homo y de los que les antecedieron. La evolución no humana es solo biológica, pero la nuestra va acoplada a la de la psiquis y la de la cultura, y esa peculiaridad no tiene antecedentes.
“Otro asunto es que seguimos evolucionando y lo haremos significativamente en el ámbito conductual. Nuestros caracteres morfológicos se mantendrán, pero algunos de los fisiológicos variarán, como por ejemplo la tolerancia a las enfermedades. Quizás de aquí a 500 años las poblaciones humanas se hayan liberado del SIDA, debido a la selección naturaly a sus mecanismos adaptativos”.
-La evolución de la psiquis protagonizará en lo adelante nuestro proceso evolutivo, de tal modo que el engranaje del cerebro que controla nuestros instintos, en especial la corteza con respecto al hipotálamo, será más fuerte.
“En teoría seremos mucho mejores y numerosas lacras sociales disminuirán. Pero primero tendrá que cambiar la sociedad y la cultura para que esos genes buenos se seleccionen. Mientras en el mundo persista la violencia, y otros fenómenos de ese tipo, no existirá un ambiente favorable para que los genes que controlan los canales instintivos sean los elegidos.
Convencido de que esta es una de las grandes lecciones que nos dejan los conocimientos sobre evolución humana, el profesor Berovides reconoce como antecedentes de las conductas etológicas que aun mantenemos que en las sociedades primitivasel hombre formaba unidades de tres o cuatro centenas de individuos y que para ellos sus vecinos no eran humanos.
“Sus nombres implicaban su condición,y a la tribu vecina les ponían calificativos de animales, y como tal podían matarlo, fenómeno queaún persiste en algunas tribus.Y ese instinto de ser yo el que pertenezco a mi grupo y que el otro es distinto no lo hemos perdido todavía”, estima.
“En fin, que se habla mucho del mejoramiento genético de la especie humana, pero mientras padezcamos de tantas limitaciones en nuestro progreso sociocultural no vamos a lograr nada ¿Qué se resuelve si inyectamos genes de bondad a una persona que vive en una sociedad en la cual hay gente capaz de matar a quien quiere?”
Existe la tendencia –asegura- de responsabilizar solo a los genes con situaciones como la agresividad o el homosexualismo; sin embargo, el aspecto social tiene un rol protagónico en estos casos.
“Soy de los convencidos de que genoma y cultura interactúan de igual forma; o sea, la cultura influye al genoma del mismo modo que el genoma influye a la cultura”, concluyó el doctor Vicente Berovides Álvarez .
La creación del Complejo de la Evolución Humana, en Burgos, España, contribuirá a un mayor conocimiento acerca de nuestros orígenes y abrirá una nueva puerta para retroceder en el tiempo e indagar sobre los antepasados más antiguos del Homo sapiens.
Texto: Flor de Paz. Fotomontaje: Gizéh Rangel de Lázaro.
Hacia la ciudad española de Burgos enrumban su andar Homo antecessor y su descendiente heidelbergensis. Otro refugio abre las puertas a los prehistóricos seres que tuvieron abrigo en la Sierra de Atapuerca hace más de un millón y 500 mil años, respectivamente.
Una moderna edificación será el nuevo hogar de estos homínidos. En el denominado Complejo de la Evolución Humana (CEH) tendrán sitio privilegiado los antiguos habitantes de Atapuerca.
Compuesto por tres módulos, el inmueble fue erigido junto a la ribera del Arlanzón, el río de vasta antigüedad que atraviesa la urbe castellana y que también forma parte del conocido ecosistema montañoso.
Crear una conciencia de especie a partir del conocimiento del proceso evolutivo para salvar el futuro de Homo sapiens, según ha dicho Eudald Carbonell, codirector del Proyecto Sierra de Atapuerca (PSA), es el objetivo que se persigue al edificar este inmenso predio acristalado que integra un centro de investigaciones, un museo y un palacio de congresos.
La primera parte del CEH: el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), fue inaugurada el pasado mes de julio.
En el nuevo enclave la institución constituida en el 2004 amplió significativamente el espacio físico y las potencialidades para cumplir con su misión de realizar estudios evolutivos correspondientes a los períodos geológicos Plioceno y Pleistoceno.
Otro de los módulos del Complejo, el dedicado al Museo de la Evolución Humana (MEH), abrirá sus puertas en julio de 2010. Aún en fase de montaje interior, no tiene precedentes entre los de su tipo el mundo debido a la magnitud y contenidos que lo caracterizarán.
Una galería de réplicas de doce homínidos y la exposición de fósiles originales que los investigadores han sacado a la luz durante treinta años en las campañas de excavaciones de la Sierra de Atapuerca, estarán entre las singularidades del área de exposiciones permanentes del MEH.
Buscar en el pasado
Las investigaciones que realiza el CENIEH trascienden su estrecha relación con los yacimientos de Atapuerca y con el material arqueológico extraído de la Sierra, base de numerosos labores que desarrolla la institución.
“Hacemos estudios de evolución humana; por tanto, abarcamos mucho más y pretendemos ser un centro importante entre los de su tipo en Europa y en el mundo”, aseguró José María Bermúdez de Castro, director de ese colectivo científico.
Siete programas investigativos, conformados por uno o más grupos de trabajo, son desarrollados en estos momentos en el CENIEH. Entre ellos, Paleobiología y paleoecología de los homínidos, relacionado con el estudio de los fósiles humanos, y Geocronología, encaminado a la datación de los yacimientos.
Al primero corresponde el grupo denominado Antropología dental, que a partir de estudios sobre más de cinco mil piezas fósiles odontológicas ha aportado datos para la identificación de especies homínidas y sobre las relaciones de parentesco entre algunas de ellas, así como acerca de patologías en poblaciones humanas extintas.
El programa científico de Geocronología cuenta en el nuevo edificio del CENIEH con laboratorios que a mediano plazo ofrecerán servicios de datación a la comunidad científica internacional, a la vez que sus investigadores trabajan en la innovación y el desarrollo de nuevas técnicas y métodos de cronometraje.
Amplio es el número de disciplinas que en la actualidad aborda este centro. Sin embargo, para José María Bermúdez de Castro la investigación sobre evolución humana no solo consiste en estudiar fósiles y saber cómo vivían los seres a quienes correspondieron los huesos o herramientas que son halladas en los yacimientos arqueológicos, sino también entrar en contacto con lo qué significa para los humanos conocer sobre sus orígenes.
Según el científico, resulta extraordinario poder contribuir en la búsqueda de la respuesta a esa gran pregunta que nos hacemos todos los seres humanos una vez que tenemos conciencia, ¿quién soy y qué hago en el universo?
“Sacamos a la luz los fósiles, los estudiamos y decimos: nuestro origen es africano y hace seis millones de años antecesores de los humanos estaban en los arboles y se alimentaban de frutas. Creo que todo esto nos forma un poco la mente a todos”, reflexiona Bermúdez de Castro.
Además de la investigación, el CENIEH tiene el cometido de restaurar y conservar las colecciones procedentes de yacimientos arqueológicos y paleontológicos correspondientes al plioceno y pleistoceno.
En la nueva instalación serán reunificados alrededor de 300 mil fósiles extraídos de la Sierra de Atapuerca, así como otros provenientes de yacimientos enclavados en la región de Castilla y León.
El área de colecciones del CENIEH cuenta con cerca de 780 metros cuadrados de superficie distribuidas en cinco salas. Con el espacio previsto se calcula que habrá sitio para los fósiles que se recuperen en Atapuerca en las sucesivas campañas hasta el año 2030.
Fósiles y réplicas
Cinco mil metros cuadrados de superficie expositiva, distribuidas en cuatro plantas, abarca el Museo de la Evolución Humana (MEH).
A Darwin y a su Teoría de la Evolución, y a la historia del devenir humano, se ha destinado la planta cero del MEH. En ella estará ubicada la espectacular galería de los homínidos, única en el contexto museográfico internacional.
Mediante una rampa que nace en el nivel superior podrá accederse a la planta uno –el núcleo del museo-, de forma tal que los visitantes experimenten la sensación de adentrarse en el interior de los yacimientos.
En ese salón dos de los cuatro bloques levantados reproducirán escenarios de Atapuerca mediante una especie de trincheras que simulan los cortes orográficos y estratos de la Sierra. Uno de ellos, recreará a Homo antecessor y a los yacimientos de la Gran Dolina y la Sima del Elefante; en el otro, Homo heidelbergensis y la Sima de los Huesos.
Vitrinas especialmente diseñadas para la conservación y seguridad de los fósiles expondrán restos óseos originales procedentes de Atapuerca, mientras un audiovisual contextualizará la especie y el yacimiento a que pertenecen.
La exposición de esta planta estará dotada de efectos interactivos mediante los cuales podrán mostrarse los métodos de datación de los fósiles.
Apoyada en diversos recursos, la muestra explicará fenómenos como el de nuestra herencia cultural o la aparición del fuego. También ejemplificará representaciones artísticas primitivas.
Los tres ecosistemas fundamentales relacionados con la evolución humana: la selva, la sabana y la tundra-estepa de la última glaciación, serán recreados en la planta dos, en lo que constituye el techo de los bloques del piso uno.
En la última o tercera, el visitante podrá comparar su talla con la de la reproducción de un mamut, que a la vez explica la adaptación de los animales a los cambios climáticos.
Este nivel también contará con un mirador desde el cual podrán observarse los ecosistemas instalados en la planta anterior.
El Museo de la Evolución Humana expondrá en toda su dimensión el valor de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca y de sus labores de investigación asociadas a salvaguardar el patrimonio paleontológico. Constituirá asimismo un escenario de aprendizaje y cultura.
En la primera imagen, uno de los fragmentos de cráneo encontrados en la Sima de los Huesos (foto: Javier Trueba); en la segunda, la arqueóloga muestra fragmento de húmero humano recién hallado en el yacimiento de la Sima del Elefante. (Foto: Jordi Mestre, EIA)
Por Flor de Paz El hallazgo de un pequeño fragmento de húmero humano, perteneciente a un adulto que vivió hace más de un millón de años, y de importantes huesos craneales, de 500 mil años de antigüedad, caracterizaron las recién concluidas jornadas de excavaciones en los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, en Burgos, España. Los fósiles fueron hallados en los sitios arqueológicos Sima del Elefante y Sima de los Huesos, respectivamente. La significación de los nuevos descubrimientos está relacionada con dos de los resultados más importantes alcanzados por los científicos del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA): la creciente antigüedad en la ocupación humana de ese espacio montañoso y el incremento de la mayor colección de fósiles óseos existente en el mundo. En cuanto al pequeño fragmento de hueso de húmero, encontrado en el yacimiento más antiguo de Atapuerca (más de un millón de años) el EIA ha señalado que este descubrimiento merece ser destacado como un hecho científico de gran relevancia en el estudio de nuestros orígenes, pues el fósil fue encontrado en el mismo yacimiento en el que durante las campañas del 2007 y del 2008 fueron localizados los restos humanos más antiguos de Europa occidental: una mandíbula, atribuida a Homo antecesor, que fue portada de la revista Nature en abril de 2009, y una falange de mano. Asimismo los investigadores piensan que el fragmento de húmero recién descubierto en el nivel TE9, de la Sima del Elefante, puede pertenecer al mismo individuo que la mandíbula hallada anteriormente. La datación de estos fósiles humanos y de la industria lítica asociada a ellos, indica 1,3 millones de años de antigüedad. Otro dato importante es que el pequeño fragmento de húmero presenta marcas de descarnación, así como una de percusión, similares a las observadas en los restos de mamíferos encontrados en el mismo nivel arqueológico. Al respecto el EIA aventura la hipótesis de la práctica de canibalismo en la Sierra de Atapuerca hace más de un millón de años, aunque todavía espera encontrar nuevos restos humanos que lo confirmen. “Se trataría del caso de canibalismo más antiguo conocido de la historia de la evolución humana, que retrasaría en cerca de medio millón de años esta práctica antropofágica”, señalan los científicos. Tal hipótesis también se basa en las características de los restos de Homo antecessor hallados durante los últimos 15 años en el nivel TD6, del yacimiento de la Gran Dolina, en Atapuerca. Los restos craneales descubiertos este año en la Sima de los Huesos, un yacimiento de la Sierra de Atapuerca conocido internacionalmente por ser el más rico del planeta en fósiles humanos, incluyen un hueso parietal y uno frontal casi completos que, probablemente, correspondan a un nuevo cráneo (de un ejemplar masculino, adulto y joven), el número 17 de la colección. Todos los fósiles humanos de este yacimiento se atribuyen a la especie Homo heidelbergensis con una antigüedad de medio millón de años. Cada año la Sierra de Atapuerca aporta nuevas fichas al complejo rompecabezas de nuestros orígenes. Los arqueólogos realizan su trabajo de campo en los yacimientos apenas dos meses en el año, y luego laboran en la interminable labor de análisis en los laboratorios y del estudio de la significación de cada pieza en el contexto del devenir local de ese ecosistema y en el de la evolución humana en general.
Dijo el profesor Vicente Berovides durante un homenaje realizado en la Universidad de la Habana por el bicentenario del sabio inglés y en el sesquicentenario de la publicación de su libro La evolución de las especies Por Flor de Paz La trascendencia histórica de la teoría de la evolución de las especies y la actualidad de los mecanismos evolutivos planteados por Charles Darwin fueron los temas de las conferencias dictadas ayer martes en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, por los doctores Pedro Marino Pruna, del Museo Nacional de Historia Natural, y Vicente Berovides Álvarez, de la Facultad de Biología del centro de estudios superiores. El doctor Pruna, además de ofrecer detalles biográficos de Darwin, explicó cómo durante los últimos 40 años del siglo XIX la teoría evolucionista se diseminó por el mundo, y fue acogida de manera particular en Cuba. “Desde 1862 Felipe Poey introdujo las ideas del sabio inglés en los cursos universitarios y sentó las pautas para la enseñanza de la historia natural en la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana. En 1890 ya había sido conformado un claustro profesoral de zoólogos y botánicos constituido exclusivamente por evolucionistas, y que ese mismo año, al inaugurar el curso escolar en la UH uno de los discípulos del naturalista cubano declaró el triunfo del darwinismo en la institución universitaria.” Este hecho, unido a otros acontecimientos, permite afirmar que Cuba ocupó un lugar prominente entre los países de Latinoamérica en el proceso de recepción de las teorías evolucionistas, aseguró el experto. Darwin, el darwinismo y la evolución humana Haber incluido a los humanos dentro del reino animal y, por tanto, entre los organismos que evolucionaron mediante la selección natural es entre todos los postulados darwinistas el elemento que más revuelo ocasionó desde su surgimiento. Esa razón ha generado una gran lucha de ideas, principalmente del creacionismo frente al evolucionismo, afirmó el doctor Vicente Berovides Álvarez, al dar inicio a su conferencia. “Hay quienes dudan de la Teoría de la Evolución, aún cuando esta ofrece los principios explicativos de los fenómenos a que se refiere, ajustados a las evidencias. Sin embargo, nadie vacila ante la fundamentación de Einstein acerca de que la materia está formada por átomos y, ahora, por partículas subatómicas”, dijo Berovides. El darwinismo es el único mecanismo capaz de explicar fenómenos como la biodiversidad y la adaptación de los organismos al medio. Y cuenta con muchas pruebas; el poder ilustrativo de la teoría de Darwin es evidente a la hora de entender el genoma humano. En relación a Homo sapiens, Berovides Álvarez refirió que comparte con el científico español Eudald Carbonell, co-director de los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, una idea novísima y muy revolucionaria plasmada en su reciente libro El nacimiento de una nueva conciencia : aún estamos en la infancia de nuestra evolución, pues como especie aparecimos hace sólo 150 ó 200 mil años. El investigador reflexionó sobre el hecho de que hay libros en los que se asegura que la selección natural no opera en los humanos actuales. “Es un error, mientras seamos seres vivos y tengamos diferencias genéticas habrá selección natural. Son numerosos los ejemplos de caracteres patológicos y normales en los que interviene este mecanismo, entre ellos el grupo sanguíneo, la sensibilidad a la fenilcetonuria, el color de la piel, la resistencia al SIDA y la hipertensión arterial en afroamericanos. A renglón seguido detalló igualmente que la actual Teoría sintética de la evolución constituye el avance científico de los postulados formulados por Darwin, que gozan de total vigencia. “Hay críticos que dicen haber hallado un nuevo mecanismo para la variación genética y que por consiguiente ya no hace falta la selección natural ¿Y quién ha dicho que la selección natural genera la variación genética? La selección natural ordena, decide o modela la variación genética, pero no crea nuevas combinaciones. La fuente originaria de la variación genética está en la mutación”, adujo el profesor Berovides. Para concluir, el científico cubano hizo referencia a los valiosos aportes de Darwin. Entre ellos, el hecho de haber colocado al hombre en su justa posición en la naturaleza e influir en el desarrollo de numerosas ciencias. En cuanto a la diferencia existente entre Darwin y el darwinismo dijo: para el genio inglés el nivel de ejercicio de la selección natural ocurría básicamente en el individuo. Hoy la genética demuestra que el mecanismo está presente en los genes, los individuos y las poblaciones.